CALIENTITAS

¿POR QUÉ DEBE MORIR EN LA CARCEL ALBERTO FUJIMORI?

Las personas de estómago suelto se enternecen por las teatralizaciones de la familia Fujimori, cayendo redonditos en el trucho martirolo...

LAS PREFERIDAS

viernes, 5 de octubre de 2018

¿POR QUÉ DEBE MORIR EN LA CARCEL ALBERTO FUJIMORI?




Las personas de estómago suelto se enternecen por las teatralizaciones de la familia Fujimori, cayendo redonditos en el trucho martirologio de su patriarca Alberto Fujimori. Recientemente se ha escuchado a padre e hija protestar en contra de una persecución y ataques de la cual, según ellos, son objeto, quejándose que el sexagenario viene siendo utilizado como “arma política”. Esto resulta soberanamente estúpido cuando son ellos los primeros en usar el fuerte simbolismo que representa el jefe de la dinastía fujimorista para las huestes que todavía creen en su mesianismo.

Fujimori es un hombre cuyos crímenes distorsionan el concepto de humanidad. Se conoce ampliamente las razones que lo condenan más que canonizarlo. Haciendo un balance de su “vida y obra”, este sale debiendo al pueblo peruano económica, emocional y moralmente. Por ningún motivo es razón para concederle alguna clase, por mínima que sea, de privilegio. El pseudo indulto humanitario perpetrado en las vísperas a Navidad del 2017 fue provocado por la presión instrumentalista de los propios Fujimori en una jugada que devolvería el mito y símbolo que alimenta las filas y fuerzas naranjas.

Alberto Fujimori es uno de esos trastornados que han dejado su humanidad para dar paso a sus más profundas perversiones. Su vida no es política, sino psicopática. No hay humanidad en cada uno de sus movimientos. Cegado por sus instintos primarios, se entregó a las ambiciones más siniestras a costas del pueblo peruano, quienes terminaron pagando por las atrocidades de los Fujimori. Pese a que el sistema judicial de este país logró con altibajos condenar el comportamiento anómalo del patrón fujimorista, intereses que viven en el submundo detrás de los poderes estatales, encontró la manera de lograr un "indulto humanitario" que fue mera jugada política.

No hay arrepentimiento en Alberto Fujimori, cuyas dotes actorales y jugadas políticas recuerdan la fraudulenta campaña de liberación que hiciera el dictador Augusto Pinochet. Realmente los criterios para indultar humanitariamente al patriarca de Fuerza Popular que maneja la gente de derecha a izquierda, no tienen pies ni cabeza, y son fútil sentimentalismo que se impone ante la razón. No hay por qué ser sensibles o pseudoracionales cuando se trata de “perdonar” a un ser humano que viejo y enfermo, supuestamente, no merece morir en la cárcel. Alberto Fujimori debe pagar condena, la cadena perpetua es apenas mera consecuencia de sus actos.

Alberto Fujimori perdió la carrera de demostrarle al mundo, y a los peruanos que él tenía razón. Nunca la tuvo. Pese a que sintió que su gobierno era una certeza irrefutable, el tiempo ha condenado su actuar y como perdedor, pagará las consecuencias. El asunto va más allá que los criterios de justicia que difícilmente el papel explicaría. La razón más sencilla para explicar por qué Alberto Fujimori no debe ser indultado humanitariamente se puede comprender desde dos puntos de vista que nada tienen que ver con las sensiblerías de aquellos que todavía mojan sus camas.

1) El simbolismo que todavía representa Alberto Fujimori para sus huestes es peligroso. Es sabido que los herederos del fujimorismo, entre ellos Kenji y Keiko, tienen como fuente de su pseudo poder popular  las acciones falsamente martiristas de Alberto Fujimori en su gobierno, con mitos y leyendas como que fue él quien acabó con el terrorismo, o que el sentó las bases económicas y democráticos del estatismo peruano, o que fue un santo para los pobres por medio de su asistencialismo; cuando en las sombras operaba de maneras famélicas y tiranas. Por tal motivo Alberto Fujimori como poder simbólico debe ser anulado y esto solo se logrará en la cárcel, porque libre, es sinónimo de triunfo para los fujimoristas.

2) Su encarcelamiento es ejemplo de justicia y castigo para aquellos que todavía se escudan en la horrible égida de antivalores repudiables. Que Alberto Fujimori permanezca en la cárcel hasta la muerte sirve de lección y advertencia para aquellos que viven de la corrupción, el abuso de poder, y el saqueo de las arcas de este país. La firmeza para que alguien que no merece el indulto humanitario por más que haga jugadas como falsificar certificados de salud o deudas políticas, es un sobreaviso para aquellos que hacen de la política un gamonalismo que convierte al Perú una chacra.

Esas son mis razones. Yo no perdono a Alberto Fujimori. Yo lo condeno, y si pudiera yo mismo haría justicia con mis manos. Cortaría su cabeza y la exhibiría en el museo de la memoria bajo el rótulo “cabeza clava de un dictador”. Los demás pueden hacer uso de las razones o motivos que quieran, que por lo general no pasan de una neurosis lastimera y de un efecto pastoral que engrosa las filas de una piedad que no tiene cabeza. No se le perdonó a dictadores de mal gusto como Somoza o Pinochet, y vamos a empezar a rasgarnos las vestiduras tratando de darle humanidad a alguien que no la tuvo. Alberto Fujimori morirá en la cárcel, o este país seguirá hundiéndose en un mar de lágrimas.

Tacna, octubre 2018

domingo, 30 de septiembre de 2018

RÉQUIEM POR YULVELY



Tenía la gracia de un alma caritativa, de valores y principios admirables y fuerte vocación de servicio. Logró cumplir un cuarto de siglo lleno de sueños, metas y motivaciones.  Por su naturaleza, era una de esas chicas parcas y solitarias, con una actividad introvertida mil veces más infinita que cualquier otra chica extrovertida. Su temple siempre fue calmado, y no llevaba nada de malicia en los ojos. De pocas palabras y verbo adaptativo, pasó su vida construyendo su propio espacio pese a las inclemencias de los días y las noches. En su corazón llevó pocas cosas, lo necesario para vivir con total tranquilidad.

Nunca le escuché maldecir la vida, no delante de mí al menos. No era de enojarse por cualquier cosa, de hecho difícilmente la podríamos encontrar fastidiada o tramitando alguna ira innecesaria. Cuando me enteré de su enfermedad, lo dijo tan sosegadamente que parecía una sutil mentira, de esas que solo animan la conversación. El tiempo que apegué mis pasos a los suyos, siempre tuve la impresión de que nada la aquejaba. Solo en sus últimos días me confesó lo difícil que era, pero incluso el tono de sus palabras era tan sereno que uno se olvidaba de su malestar. Yulvely siempre le sonrió a la vida.

Como todo ser humano sobre la faz del mundo hizo planes. Invirtió su tiempo en estudiar psicología, para garantizarse un lugar en el mundo, y así hacer lo que más le gustaba sin molestar a nadie: viajar por el mundo. No planeaba tener hijos, y era algo en lo que estábamos en total acuerdo. Amaba mucho a los niños, tenía la ilusión de ser la tía ermitaña de la familia. Y así lo hizo. Culminó sus estudios de psicología, inició los trámites para su licenciatura. Logró ejercer una charla para padres, hasta que la sombra de todo lo que no deseaba reposó en su vida hasta extinguirla.

Yulvely siempre tuvo todas las ganas y deseos de superar su enfermedad. Las veces que conversamos  hablaba con fuego en sus ojos. A pesar de que su salud fue agravándose paulatinamente, jamás se resignó y probó de todas formas luchar contra el cáncer. Luego de sus operaciones para contrarrestar los efectos de su enfermedad, pasaba sus días disminuyendo los dolores con mejunjes y medicinas que no le hicieran maldecir su destino. En medio de ese trajín, pude estar a su lado pocas veces, porque a medida que pasaban los meses, tenía que viajar continuamente para seguir luchando.

Finalmente ya fue difícil localizarla incluso en su casa, y ya casi no atendía al teléfono. Perdido en mis propios asuntos, dejé de seguirle el rastro; más por el ajetreo de los días que por voluntad. Hasta que un día Sandra me comunica que Yulvely está en Tacna, y se encuentra en emergencia en el Hospital Hipólito Unanue. No lo pensamos dos veces y fuimos al día siguiente a visitarla. Al llegar, grande fue nuestra sorpresa al no poder reconocerla rápidamente. Sandra demoró más en identificarla, e incluso sutilmente se negaba a aceptarlo. Vi a Yulvely con un rostro cadavérico de amplia sonrisa. Pese a que apenas podía reconocerla, por un momento sentí ver a la propia muerte cara a cara. Pero de inmediato sus ojos y palabras me dijeron que estaba ante la vida misma.

Delante de ella no iba a ponerme lastimero, no iba a tratarla como una enferma. Saqué la poca fortaleza que tenía luego de que la impresión me chupara la voluntad. Junto a Sandra le contamos muchas cosas, e hicimos planes. Acordamos ver "La Monja" porque a Yulvely también le encantaba el cine de terror. Nos dijo que se aburría y que estaba contando las horas para regresar a casa. Nos dijo que saldría pasado mañana. Prometí llevarle mi poemario “Perreo” antes de que saliera. Le entregamos un globo en forma de corazón que ella abrazó enérgicamente. Luego nos despedimos conteniendo lágrimas y con reflexiones oscuras sobre el tema. Y a pesar de su situación, nos alegramos por lo lúcida que se encontraba.

Ninguno de los dos esperaba la noticia. Ilusos,  no sabíamos que desde hace unas semanas había sido desahuciada. A los dos días siguientes el mensaje sombrío y tantas veces sospechado llegó. “Yulvely falleció. Velatorio y entierro en los siguientes días.” No sé porque pero no sentí nada al enterarme, una sensación insípida recorría mi cuerpo. Lo procesé inmediatamente, y cerré los ojos para aceptarlo tal y como venía. Nada de teatralizaciones. Hay formas sutiles de entrar en duelo por una amiga que se fue, sin manchar su honra. Me alegré porque murió plácidamente, luego de quedarse dormida para no despertar.

Creo que en el fondo, todos compartimos la ambivalente sensación de malestar y bienestar cuando un ser querido muere. El primero porque falleció alguien que es un pedacito nuestro, y que merecía disfrutar la vida hasta que ella lo quisiera; y lo segundo porque en un estado doloroso, a nadie le gusta llevar una vida llena sufrimiento y miseria, y lo mejor es dejarse llevar cuando todo es irreversible. Conversé conmigo mismo y decidí centrarme en algo que va más allá de esto. Decidí que viviría por Yulvely. Que el pedazo que guardo de ella, verá las maravillas de la vida y seguiría luchando contra la dureza de la existencia.

Hoy, te entierran Yulvely. Tu cuerpo murió. Tú eres más que un simple cuerpo. Aquello que el ojo no ve, vive conmigo. Estás aquí. Que descanse tu cuerpo, y tu alma permanezca a mi lado. Te regalo este haiku para que te alumbre y te de sombra ahí donde ahora estás. 

Las puertas
que cerramos ayer,
siguen abiertas.






sábado, 29 de septiembre de 2018

APUNTES PARA UN FLUJO INTELIGENTE DE LA LITERATURA TACNEÑA



Se puede pensar de muchas maneras la literatura tacneña. De esta forma para algunos es una vía para cultivar la lectura, la sabiduría, la conciencia regional, la inteligencia social, convirtiéndose en índices de desarrollo moral, espiritual o intelectual para Tacna. Otros verían en esto una oportunidad para promover el turismo literario, seguido de nuevos aparatos burocráticos que fomenten el libro y la lectura, una industria literaria sostenible, y espacios productivos de aprendizaje. No importa cuál sea el motivo, cada cual verá el interés e importancia que le dé al asunto. El caso es que si no se lo piensa bajos estos términos, algo conocido como literatura tacneña no solo irá desapareciendo, jamás logrará calidad y reconocimiento. Los autores hasta ahora renombrados dejarán de escribir perdiendo interés en publicar sus obras. Los lectores serán ajenos y desconocerán a sus escritores, y finalmente el hábito de la lectura, que de por si ya desaparece, quedará completamente olvidado.

Hace años atrás, el fallecido poeta y profesor Luis Chambilla hizo un diagnóstico que podemos hacer extensivo hasta este año y en sucesivo para tomárselo en cuenta: “Ante el poco beneficio económico de editar y publicar un poemario o libro de cuentos, la mayoría de escritores de esta etapa prefiere divulgar sus creaciones en revistas culturales, literarias o en recitales. Este fenómeno ha provocado que se contenten con ver sus creaciones publicadas en revistas o declamadas en recitales, pero no integradas en poemarios o libros de cuentos. Al ser, las revistas literarias, poco frecuentes en su aparición y su trascendencia escasa, los creadores pierden interés y la producción literaria pierde espacio entre sus actividades." Evidentemente este párrafo delega gran parte de la responsabilidad en los autores, sin embargo no es cierto del todo. Los guardianes y promotores de algo llamado como literatura tacneña es responsabilidad sino de todos, al menos de 5 grupos humanos elementales.

1. AUTORES LITERARIOS. Llámense novelistas, poetas, cronistas, narradores o ensayistas. Su importancia para el sostén del flujo de la literatura tacneña no se reduce a escribir y desarrollar medios para publicar su obra, sino a la vez de cultivarse cada vez más como creadores, leyendo teoría, crítica, y sobre todo literatura para que así la calidad de sus trabajos sean cada vez mejores. De otro lado también tienen la labor de aproximarse a editores y agentes literarios, además de autoridades y burocracia afín al rubro de la publicación y la lectura. También deben acercar su obra a los lectores no solo mediante el libro, también tiene que mantenerse comunicado con el público, como hacer visitas a instituciones educativas y universitarias, participar en conversatorios con lectores de diferentes estratos sociales. De modo que no solo los autores escriben, sino también son promotores de su escritura, buscando maneras creativas de reducir la brecha que separa al público de la lectura.

2. LECTORES Y AFICIONADOS. Aquí entra a tallar el público en general, cuyo nivel de lectura va desde el blanco hasta el negro con amplios tonos grises. No importa cuál sea el nivel de lector, su labor como primer consumidor de libros y por lo tanto de lectura es vital para el flujo de literatura tacneña por obvias razones. Sin embargo, el asunto va más allá si queremos resultados diferentes. Es responsabilidad del lector aspirar a mejorar su calidad de lecturas, ampliando sus saberes previos para digerir títulos de amplio espectro creativo. De esta manera los lectores no solo tendrán el rol de agentes pasivos en este flujo, sino lograrían tener un rol activo al mejorar sus criterios para valorar una obra y exigir títulos a su nivel de lectura. Algo que ayudaría bastante es lo que llamo activismo literario, y hace referencia a que el lector gestione o busque la manera de acercarse a l autor, de pedir a las autoridades y agentes literarios que desarrollen espacios y métodos para difundir la lectura y la literatura tacneña. Y por qué no, lanzarse además a hacer crítica no académica, blogs de lectura, reseñas, diarios, entre otros.

3. CRÍTICOS Y ESTUDIOSOS. Ya sean constructivos, destructivos, o como se les llame, la crítica literaria es importante para visibilizar, capitalizar, y hacer estricta pedagogía en materia literaria. A este respecto el crítico literario no debe ceñirse únicamente a analizar las obras de  los autores, sino además tiene que interpretar y hacer crítica el comportamiento de los lectores, de los editores y agentes literarios, de las autoridades y burocracia afín, y por qué no, incluso de la misma crítica, todo con el ánimo de que el flujo de la literatura tacneña no caiga en degeneración que en estos casos viene no solo por parte de la calidad de los autores, sino de la falta o mediocridad de los lectores, o de los vicios y malos hábitos de autoridades y agentes literarios. Por ello la misma crítica y estudios literarios debe buscar sus propios espacios en revistas, blogs, y periódicos para hacer llegar su voz a estos respectos. Es importante que esta crítica sea de espectro amplio tratándose de hermenéutica, análisis y fenomenología, pues ninguna crítica debe estar afincada a un color o dogma.

4. EDITORES Y AGENTES LITERARIOS. Todo el personal asociado a la edición, diseño, corrección, valoración y publicación del libro, además de la difusión del mismo en los espacios pertinentes, es asunto de estos editores y agentes literarios. Cuya misión incluye gestionar fondos y políticas para la promoción del libro y la lectura. Mejor si va de la mano con los mismos autores y lectores. Su trabajo no será sectario o elitista, más bien aspirará a estar en comunicación con los autores y lectores de la localidad, buscando, investigando  nuevas voces en materia literaria. Y sobre todo logrando la mejor manera de sacar sus publicaciones y dar calidad en sus estándares de publicación. Muy importante es que desarrollen estrategias para hacer llegar el hábito de la lectura y el libro mismo a través de medios impensados, como la televisión, la radio, y lógicamente en internet como blogs, foros, páginas virtuales que contengan material literario de diversa índole.  Asimismo es crucial que promuevan y gestionen espacios físicos de diálogo que aseguren el interaprendizaje como conversatorios, debates, ponencias, etcétera, procurando alejarse de dogmas y colores, con amplios criterios en la estética y contenido de los libros y autores.

5. AUTORIDADES Y BUROCRACIA. El rol de este elemento de igual manera es de vital importancia para generar condiciones que permiten el flujo y crecimiento de espacios físicos y virtuales para las expresiones literarias. Esto no solo incluye el trabajo que desde los gobiernos locales deben efectuarse, sino además, otros organismo e instituciones afines, como ONGs, instituciones educativas, universitarias, asociaciones y organizaciones sociales de diversa índole. De esta manera se pueden exigir y desarrollar políticas del fomento del libro y la lectura que implique la participación estatal y privada de los diferentes instituciones que regentan las estructuras de la sociedad. Aquí podemos hablar no solo de financiamiento, sino de trámites y estrategias para que desde el papel se llega a la acción directa de promover la literatura tacneña. No como pantomima o simulacro, no como oportunidad para malversar fondos, sino para un real desarrollo de la actividad literaria en todas sus facetas, velando por los intereses no solo de los lectores de toda edad, sino la de los autores, además de los editores, críticos y demás agentes literarios. Como por ejemplo promover un plan lector de literatura regional, o publicación y rescate de obras desaparecidas.

Como verán, ahora sabemos que el flujo de una literatura tacneña de calidad, lúcida, crítica y cultural para los más jóvenes y los adultos irá en crecimiento si reconocemos la valía e importancia de estos cinco elementos revisados, en cada uno de sus funciones. Sería un sueño ver activos estos roles en sincronía, sin embargo, para que esta rueda empiece a andar, solo hace falta que los 5 elementos  ejerzan sus roles por separado o mancomunadamente. Es curioso que todos se laven la boca diciendo que la cultura es importante, asintiendo mecánicamente con la cabeza cuando dicen que leer es valioso. Pero pocos meten sus manos al fuego por el real flujo de la literatura tacneña. A mi parecer, son estos 5 elementos los responsables de que esto suceda. Y de ser así, sería una razón más para que Tacna resalte no solo por la calidad de su literatura, sino por la inteligencia de sus lectores, es decir, sus ciudadanos. La literatura jamás será un producto bandera de Tacna si olvidamos esto, y seguiremos apilando cerros y cerros de quejas sin sentido.

Tacna, setiembre 2018.

martes, 25 de septiembre de 2018

"PRIMAVERA EXTRAMUROS" DE AUGUSTO ANÍBAL TOLEDO




Augusto Aníbal Toledo tiene una trayectoria fragmentaria y fugaz en la historia de la Literatura tacneña. Nunca se le conoció libro. Y lo que se sabe de su obra se debe a pequeñas plaquetas y un racimo de poemas que publicó en revistas como la ya desaparecida Letrasértica. Ahora, rompe el maleficio de ser inédito, y se anima a publicar su primer tomo de poemas. Esta noticia viene con un sorpresivo dato. Los poemas de su libro “Primavera Extramuros” (Autoedición, 2018), pertenecen a los accesos creativos de hace aproximadamente 10 años. El hecho llama la atención, pues al igual que el “Armilar” del poeta Ives Vicarra, los poemas que hace público no pertenecen a su presente creativo, algo que desde ya es una advertencia de la calidad del libro. Recuerdo que leí algo de Augusto Aníbal Toledo allá en los tiempos de Letrasértica, en el número dos del 2011 cuando publicó un grupo de poemas bajo el título “Órbita rota”, y ahí encontramos versos de calidad como Y no fui oruga antes, que se formó de ser otra cosa/ en esta esfera que guarda en sí misma el infinito.” Tales versos pronosticaron un poeta de calibre en ciernes. Veamos con qué nos encontramos. Abro el libro.

Cierro el libro y me viene una sensación que conozco bien. El libro es un conjunto de 38 poemas divididos en dos secciones, “Orilla” la primera, que desarrolla el tema del deseo y el desamor,  y segundo “El amor impropio” muy relacionado con el yo y los avatares de la existencia. Todo bien hasta ahí, sin embargo, el manejo del lenguaje en este libro es impreciso y exageradamente abstracto. Hay poemas que sencillamente tropiezan contra sí mismos al punto de hacer metástasis, debido a tonos incipientes y usanza barroca. Con un lenguaje recargado y juegos de palabra insípidos, los poemas no abren ni cierran, y son meros ejercicios verbales de mal gusto dadaísta. Versos de calidad pedestre abundan como: “Beso los labios que cogieron mis fases interpérritas/ acariciando tu figura que me encanta oculto.”; o “Te desafío a que me absorbas en tu encanto de espinas de flor mortuoria.” Cito los más bizarros que revelan pobre construcción y conceptualización del verso, seguido de cacofonías, reiteraciones y ripios que no completan un poema circular. Mi impresión es que en “Primavera Extramuros” escasea eso que alguien llamó “inspiración y trabajo”.

Sin embargo, lejos de centrarnos en el paupérrimo formalismo, los contenidos poéticos son otro asunto. Leo los poemas que desarrollan desamor y deseo, el yo y sus consecuencias,  y recuerdo al viejo Borges, quien dijo: “No hay poeta, por mediocre que sea, que no haya escrito el mejor verso de la literatura, pero también los más desdichados.” A este respecto hace referencia el trato depresivo, masoquista y delusivo del eros, que fácilmente podrían pertenecer a las cuitas de un joven Werther resucitado en la aldea global. Dicen sus poemas: “Arráncame las orejas con la serpiente de tu boca”, “Pertúrbame con tus palabras de ansiedad y hambre”, “¡OHG! Retírate de mis torturadas orejas…”. O, “Dispárame el fuego fulminante de tu desprecio que ha de/ llevarme a recordar, recordar… horrorizado ante/ una promesa que prefiere desangrar.”; o “Cae de tan alto… tan alto que no se puede nombrar”, “te desafío que me absorbas en tu encanto de espina flor mortuoria”, y así hasta el vértigo de una poética que revela su poesía como instrumento lacrimógeno, cosa que no estaría mal, de no ser porque algo así emula novel trabajo de púber o adolescente.

Nunca va a dejar de sorprenderme lo aburrido que puede llegar a ser el castellano cuando escasea el buen pulso. A pesar de que la mayoría de los poemas no se salvan de lectura crítica, hay un pequeño grupo que son proyecto y logro de poesía promedio, al menos en su variante intimista y confesional. Poemas como “HASTA QUE SE PUDRA DE AMOR”, “EXTRAMOR”, “SIN EMBARGO HAY ALGO QUE ME ATRAE”,”CONOCER EL DÍA”, INSTERTICIO" y “ME DETENGO LUEGO PROSIGO” son títulos curiosos, que dan cuenta de elocuencia, sostenido aliento, y púgil geometría. Lo más sensato lo encontramos en estos versos que escapan a la inconexa estructura de sus textos hermanos. Y a pesar de que el trato del tema y la forma no esté del todo trabajada, aquí habitan las fibras más mesuradas del autor. Este apunte no aspira a ser gratuito, pues ritmos ligeros y relativamente nítidos se perfilan para entremezclarse con una densidad de adjetivos indiscriminados, sinestesias desorbitadas y desmesurados oxímoron que quitan precisión y terminan si no por ahogar el poema, le prodigan asma que requiere el desfibrilador de una lectura que los reaviva más por la teoría del lector que por ingenio del autor.
   
Yo salvaría tres poemas. “CONOCER EL DÍA”, por su valentía formalista, cargada de una fuerza y tema que es presentimiento de vivaz uso del lenguaje. “Rueda/ (rueda)/espacio/ rueda la inmensidad /descuartizando segundos –insanos–/(Rueda) r u e d a/ Vuela / gira, (gira)/ espacio infinito de cerebros alterados/ inmortales suicidas, temerosos/ ¿Sueñas?”. "INSTERTICIO", de fornidas palabras que trabajan indómita introspección y voluntad, además de musical verbo: "Asolado en el desierto te busco en los espejos/ y te aclamo en las llamas que incineran el deceso/ Necesito que tu tacto acaricie envilecidos pensamientos. / Necesito oír el consuelo y no estar muerto en la memoria". Y finalmente “ME DETENGO LUEGO PROSIGO”, enérgica voz que da cuenta de un yo poético con los ojos bien abiertos, menos lacrimoso y como nunca, tenaz: “¿Qué me diferencia de ti?/ ¿La piel? /¿Los zapatos de otro color? /¿Mis palabras?/ ¿Mi entendimiento?/ ¿La razón?/ Todo es distinto, finalmente i g u a l.” Repaso estos versos, y es difícil no creer que otro es el poeta. Tal vez sea el presentimiento de un próximo Augusto Aníbal Toledo menos angustiado y distímico; más irreverente y audaz. No soy de dar consejos, pero ya que estamos, sugiero que deje en el olvido esos poemas adolescentes (del verbo adolecer), que pertenece a épocas creativas de hace años, y empiece hablarle cara a cara a la vida con textos de su presente.

lunes, 24 de septiembre de 2018

“EL LOCO Y LA TRISTE” DE LA COMPAÑÍA ALEGRÍA EN TACNA




El teatro, la dramaturgia, la escritura, el lenguaje tienen el poder de reunir en un solo espacio fuertes alegorías que sintetizan la filosofía popular, al punto de impactar en las formas inconscientes en que se organiza la mente humana, en un proceso de reestructuración subjetiva que reinterpreta la vida. Tal sentido tiene “El loco y la triste”, obra del fallecido dramaturgo chileno Juan Radrigan, que se presentó anoche en la legendaria Casa Laramamango, de la mano del elenco teatral de la Compañía Alegría del país chileno. Esta obra desarrolla las aventuras de dos arquetipos de la marginalidad chilena (que bien podría ser de todas partes): Eva y Huinca, una vieja prostituta displásica, y un anciano pordiosero alcohólico tendrán una ambivalente simbiosis de género cuyo fondo es el trajín de un suburbio caótico y depredador.

Esta obra fácilmente encajaría por tema y lenguaje en el realismo sucio, etiqueta designada para las narrativas que rayan el tema de la marginalidad, cuyo imaginario está recargado de personajes como prostitutas, borrachos, pordioseros, traficantes, proxenetas, drogadictos, etc.; todos expresando un verbo coprolálico y coloquial, y en este caso con chilenismos a la usanza que de inmediato, para el espectador peruano, transportan a una atmósfera enrarecida por lo diferente y, por tanto, extraño.  Es así que el texto sin usar formalismos académicos construye su argumento a base de modismos de todo tipo: refranes, muletillas, dichos de la cultura popular chilena, todos acompañados de cuando en cuando por una sutil poesía que se mixtura con la nítida interpretación de los actores.

La dramaturgia de esta obra está diseñada para que dos personajes, el uno varón y el otro mujer, sean los arquetipos de una cultura donde impera un machismo y hembrismo no por convicciones si no por puro existir. Así estas almas humanas que comparten desdichas, coexistirán para convidarse el poco fuego de la vida a pesar de sus penumbras. El carácter de estos personajes hacen que la obra rose en todo momento un sentido del humor popular con referencias jocosas a las propias desgracias y a los chistes sexuales. Pues, el uno bien podría encajar en el perfil de un sujeto psicótico, delirante por su refugio en el alcohol, mientras sueña con morir y entrar en el paraíso; y la otra borderline, con trastornos afectivos que la hacen maldecir por la vida que lleva. De esta manera Huinca y Eva repasan sus vidas para encontrarse el uno en el otro, en una muestra de buena relación entre géneros dispares.

Es notable la interpretación de los talentosos actores cuyos temperamentos son propicios para representar las vigorosas personalidades de los protagonistas. La escenografía, luces, utilería todo se integró, pese a sus tonos grises, hasta la fusión exacta con sus actuaciones para crear materia envolvente. No solo por el tema, sino por el fuerte pathos que tanto dramaturgia, interpretación y ambientación lograron transmitir. Sin duda la experiencia y talento de los actores me hace pensar en lo poderoso e influyente que puede ser para la obra el dominio de un atinado lenguaje no verbal y paraverbal, como la kinesia, la proxemia, que aquí cobran verdadero protagonismo junto con el texto dramático. Todo esto reunió elementos para que el espectador proyectara en ambos arquetipos sus propios miedos, certezas e inseguridades que desembocaron en rigurosa catarsis.

Me atrevo a decir que esta obra se enmarca en el teatro terapéutico, y el concepto no es gratuito. Pues hay obras que no son puro divertimento, sino que tienen la fuerza suficiente para poner las cosas en su lugar, hablando del interior humano. A eso apunta la teoría catártica: el hecho de superar duelos o conflictos propios del espectador, a través de la estética de la transformación, cuyos elementos emocionan, motivan, y por lo tanto permiten aprendizaje.  No hay estricta pedagogía aquí sino aprendizaje por observación. “El loco y la triste” es emotiva y lúcida. La recomiendo gratamente a todo aquel que no solo quiera ir al teatro a calentar el asiento, sino a dejarse transformar por un flujo de materia y energía que toca los matices del sentir humano. El mensaje puede ser otro, yo me quedo con este.

Tacna, setiembre 2018.

sábado, 22 de septiembre de 2018

“RESPIRAR” DE JULIO BARCO




Existe un grupo de poetas herederos del mejor axioma horazeriano y su poema integral: “Sólo una poesía que integre y totalice puede incorporar y ofrecer un válido registro de la experiencia de este tiempo sacudido por todo tipo de conmociones”. Son poetas que continúan el imperativo del Verástegui de “En los extramuros del mundo”, el Pimentel de “Ave Soul”, y el Ramírez de “Un par de vueltas por la realidad”. No es difícil encontrar una actualización de esta poética fuertemente mixturada en un elemento gramatical que sigue haciéndole caras a las estructuras de la sociedad, no sabemos si consciente o inconscientemente, en diáfana crítica. Puede que esto no sea más que una concesión a la moda, o una seria certeza que delinearía el campo de acción y la conciencia social que algunos tienen, lejos de otras vertientes que hacen poesía de la poesía, o poesía del lenguaje como divertimento. En esta veta de poetas muy conscientes de su tradición se inscribe Julio Barco, nutriéndose del espectro de la poesía lúcida y viva, con aciertos y excesos, que señalan el múltiple estro de la joven poesía peruana.

En “Respirar” (La Chimba, 2018), la escritura de Julio Barco recuerda la literatura de las calles, el lente filmográfico que revela la poética de la inka cola en un chifa luego de hacerle el amor a una ex, o la escritura de una carta de amor en una cabina de internet donde niños ratas dotean. Su poética expresa el conflicto poesía vs urbe, espacio o punto de encuentro que resulta vorágine, pues devora todo a su paso, transformando lo simbólico de la ciudad en un imaginario de la individualidad que frisa el solipsismo En este movimiento, Julio Barco se reconoce un sujeto marginal. El yo poético configura un personaje de suburbio que positiviza su día a día mediante un flujo de conciencia bien anclado en el presente, sin temas previos que desarrollar, más que su propia percepción, siempre inmediatista.

Los poemas de Julio Barco no tienen causas ni temas previamente esbozados. Su poesía es la articulación del sujeto únicamente con los significantes más que los significados. Sus interlocutores se cuentan con los dedos de las manos: su yo especular, quien se observa como el aeda de estos tiempos, que bien podría resultar el ángel de la escritura que es la naturaleza misma de las cosas; las amantes, representadas por su deseo, que es energía libinidal organizando su mundo poético y subjetividad; y algunos espectros que son invocados como simbolizaciones de su otredad. De esta manera su poética es revelación y autoconocimiento, en medio de la rutina limeña en su variante chicha, lejos de los idílicos espacios llenos de rococó y aristocráticas maneras de existir. Lo excluido y marginado hace una lírica de su no todo, la otra cara de lo que no es, y de la cual extrae estricta identidad.

Un acercamiento a la composición poética en “Respirar” lo podemos encontrar si utilizamos tres vectores que miden lo que podemos llamar  fuerzas estructurantes: logos, pathos y eros. En este volumen de poesía la mayoría de poemas combina esta tríada con monólogos verborrágicos que hacen preguntas y metacognición sobre la existencia humana y sus alrededores; ese punto de inflexión en que diferenciamos el adentro del afuera, que mezcla logos (conocimiento) y pathos (padecimiento), siempre dirigidos por el eros (deseo y goce). Esta manera de organizar los poemas en inusual automatismo, lo podemos ver en “I SEE YOUR FACE BEFORE ME”, que empieza dirigiéndose al objeto de deseo: “Una hippie argentina/Frente a los autos detenidos/& el tráfico: su dulce cabellera parpadeante.”, para luego reflexionar tomándola como punto de referencia de sus malestares: “Amo a las niñas, los árboles, las veredas/ mis sucios zapatos y les canto./ Y estoy solitario por Tayacaja buscando/ la hilarosada del atardecer, lo más intenso/ Es explorarnos, ubicarnos/ en el eje de nuestra desnudez.”

Sin embargo, no todos los poemas dosifican de forma equilibrada esta tríada. Gran parte de los poemas son frenéticos ejercicios de escritura automática, verborréica, dando como saldo poemas que inician bien, poemas que fluyen y que se desbordan en ritmo vertiginosos sin redondear su causa y medida, arremetiendo únicamente los voltajes de la creación, caballo desbocado, donde sólo importa la resemantización en pro de un imaginario que dota al autor de estricta identidad o self. Poemas como “It never entered my mind”, “I want to talk about you”, “Don’t blame me” que son parte del primer grupo de poemas, sostienen la estructura triádica arriba mencionada, el deseo dando paso al conocimiento y el padecimiento, que es motivo para tocar temas como el sentido de la escritura, la relación yo/lenguaje, el complejo de identidad, la realidad resemantizada, los valores y emociones humanos en todos sus colores. Todo entra en ese motor de la escritura que es “Respirar”.

Si hay que elegir poemas que representan este momento poético de Julio Barco, elijo “& MENTE FLUYE TEJE & TEJE FLUYE MENTE F L O R E C I E N D O”, “C R U Z A N D O O UN ABISMO CON TU NOMBRE DE SOLAPA EN EL CORAZÓN”, y “A MI BRO ALEX”, de breve y por lo tanto menos ampulosa estructura, con un manejo circular y temático que hacen digerible una lectura plácida para quien quiera acercarse a la portentosa poética de este autor limeño. Nuevamente en estos poemas encontramos en primer plano el deseo y goce del autor, y como fondo la ciudad con toda su flora y fauna que dota de contexto y sentido a la peculiar experiencia de vivir la poesía en tiempos donde lo simbólico (leyes, normas) censura y castra a lo imaginario (el yo). Por este hecho, la poesía se nos aproxima no como una vía de escape, sino como un estilo de vida, cuyo lenguaje crea anticuerpos frente a la aplastante realidad donde la voz del poeta no se pierde sino organiza la experiencia de los sujetos.

El poeta dice: “Los globos coralinos de los chifas oscilan/ Sirven en platos blancos los wantanes – la tele proyecta noticias/ & todos nos perdemos & somos caos en el juego de las máscaras”, retratando el medio de donde nace su discurso, para luego protestar el pathos que lleva dentro mediante el logos: “y yo sé que todo esto nos destruye/ y nos ata/ Todo es una ciudad- una ciudad infectada y también es mi cuerpo/ Y mi lengua” (IT NEVER ENTERED MY MIND); actitud que le rescata de la psicosis, pues el poeta nombra lo que no puede ser nombrado. No experimenta el lenguaje como otredad o sentido oculto. “Mi verso lo escribo/ Porque Susana, la vecina, nos compró un panetón/ y Molina –viudo adusto- me vendió arroz a 1.20 el medio kilo./ Solo así entiendo el verso/ No me encierro con locos/ A contarme leyendas/ No me importa la teoría del poema/ ni corregir para que me quieran más.” (“C R U Z A N D O O UN ABISMO CON TU NOMBRE DE SOLAPA EN EL CORAZÓN”). Actitud iconoclasta que demuele los templos de la poesía peruana.

Mi conclusión es que hay una filosofía de la poesía en Julio Barco, que es perceptible para quien no canoniza maniqueamente lo bueno de lo malo en materia poética sino para aquellos que ven en la poesía pensamiento salvaje, psicoterapia alquímica, política subversiva. Es lo que veo en su actitud poética, que flota y proyecta entrelíneas la energía del sujeto que se reafirma en sí, no por una causa social, no por un ideal antropológico, sino por un individualismo anarquista que está en comunión con los elementos que lo configuran. A mí me parece que este autor no es de esos poetas que hacen currículum o trayectoria literaria para aspirar a algún cargo de la burocracia cultural. Julio Barco es un bárbaro que espera las trompetas de un apocalipsis que busca un nuevo orden. Su obra apunta a un fenómeno que supera y escapa las tediosas formas del libro para volver a sus fuentes: la vida misma. Su poesía te dispara a las calles, a la realidad peruana, al simple estar vivo y su esplín en todos sus matices. Que el público decida si estos poemas tienen alguna utilidad y si merecen sobrevivir al tiempo. Yo prefiero al lenguaje como herramienta, arma y hogar.

Tacna, setiembre 2018







viernes, 21 de septiembre de 2018

"MARIPOSAS DE CRISTAL", DE KATIUSKA GRANDA Y PARADA ALTERNA



Son ampliamente conocidas las películas que desarrollan el conflicto nazi-judío donde el arquetipo de amo y esclavo continúa haciendo dialéctica pedagogía, mitad mea culpa y mitad reivindicación; en contra de los excesos de la razón politizada. Ese mismo tópico, más sensorial y vívido, en una versión chicha, nos la ofrece “Mariposas de cristal” de la dramaturga Katiuska Granda,  puesta en escena por el grupo teatral Parada Alterna, siempre por la Casa Laramamango, en estas duras noches de setiembre.

La obra narra los últimos días de un elenco teatral en la Alemania Nazi. Luego de ser obligados por el Tercer Reich a escenificar el Fausto de Goethe, los personajes tendrán que luchar entre los imperativos de revelarse o subordinarse ante el régimen. La historia no es tan simplona como se la acaba de resumir. La dramaturgia, que celebro por el delicioso desarrollo y ensamble de su narrativa, permite tocar subtemas asociados a la envidia, el amor, la conspiración, el poder, la solidaridad y demás espectro de valores y pasiones humanas que se integran en excitante polifonía.

La obra está compuesta de varias subtramas con giros argumentales que enriquecen la obra, las mismas que podemos contar: un triángulo amoroso y la relación de amor y odio entre los miembros del elenco, pasados encubiertos como la hija de un político traidor o un judío errante ambos escondidos como actores, y la ambivalente situación de servir o traicionar al régimen Nazi en aras de proyectar una suerte de “triunfo del teatro” como discurso redentor o vía de resistencia ante los crímenes del Führer o de cualquier otra imago de poder absolutista.

En “Mariposas de cristal”, en cuanto a la dramaturgia, nada está en vano, nada sobra. Las cuotas de humor, romance y drama están ambiciosamente integradas para generar la multiplicidad de sentidos que la humanidad proyecta sobre el lienzo de la vida. A mí me parece que esta obra es teatro pedagógico, de esa vertiente que repite la historia en el teatro para que no se repita en la vida real. Y a la vez, es clara declaración de intenciones por parte de una dramaturga con conciencia social, que ve en el teatro per se un artilugio para subvertir el orden social.

Resulta curioso asistir a una peruanización del apocalipsis judío, con actores cuyo castellano, lenguaje corporal , y giros dramáticos crean una atmósfera inusual que es una aproximación sui generis. Algo que la dramaturgia no contempla, y que es agregado del elenco de Parada Alterna; que, a mi parecer, vuelve familiar el tema, y posiblemente traspapela la ficción de cómo hubiese sido el Imperio Nazi de haberse extendido hasta Perú en extraña ucronía. Estos signos no verbales que son sello de los actores del elenco, es emblema de poderosa hibridación cultural, cuando los discursos y texturas se entrelazan.

Visto desde el punto de vista de la composición, que en este caso, brilla bastante por su estructura. La obra desarrolla estricto pathos, que es la serie de conflictos que se van ensamblando mediante el avance del timing escénico. De esta manera se engarza la serie de eventos generando tensión y suspenso hasta desembocar en comprensible final. Ninguno de los personajes está de más, cada cual represente antagonismos como polos opuestos que llegan a complementarse luego de distender sus diferencias. Poco puedo decir del desenvolvimiento de los actores, que me ha parecido sino espectacular, sí suficiente para darle generosa vida a un guión que nada sería sin el elenco.

Recomiendo altamente esta obra, por desarrollar brillante tema y por ser curiosa escenificación, que vista en mis ojos, se convierte en hilarante polisemia. Hay que aclarar que según la teoría del espectador, el observador completa la obra a su manera, desde sus propios recursos y saberes previos para enriquecer o empobrecer la obra según como mire, dado los niveles cognitivos o estados emocionales que cada cual padezca. Celebro a la Casa Laramamango por traernos desde Piura esta obra, y felicito a la dramaturga y el elenco actoral su enérgica presentación.

Tacna, setiembre 2018.