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HALLOWEEN CON CRISTO MORADO

Estoy en la Av. San Martín con Billinghurst. Es noche de Halloween, es noche criolla. Es noche del arresto preventivo de Keiko Fujimori...

LAS PREFERIDAS

viernes, 2 de noviembre de 2018

HALLOWEEN CON CRISTO MORADO





Estoy en la Av. San Martín con Billinghurst. Es noche de Halloween, es noche criolla. Es noche del arresto preventivo de Keiko Fujimori. Es una noche cualquiera. 9:00 pm. Calo un cigarro, mientras el schnauzer que vestí de unicornio y yo esperamos a Sandra que fue a conseguir alguna clase de disfraz improvisado, un arma blanca que simule un hachazo en la cabeza, entre otras cosas. Vaya metáfora. Las calles están cerradas, porque en todo San Martin se convoca la creatividad y tiempo libre de aquellos que se atreven a salir disfrazados para aprovechar un momento pertinente que hará pasar la semiótica de su locura como normalidad. Nada fuera de lo común. Cada vez más, la gente deja los disfraces de terror por el cosplay. Gente de todas las edades prefieren convertirse por esta noche en alguna clase de ícono cinematográfico o televisivo importante para llamar la atención. Así gente disfrazada de Chucky, Deadpool, Darth Vather o Shinigami, recibe su baño de multitud, el espejamiento narcisista que necesitan para regular los engranajes de los que se componen.

Escucho una música que me conozco bien. Un sonido de banda espectral, cadenciosa, y grave, en tono de suplicio y martirio. Si la música llegó antes, ahora se aproxima una materia pesada, cuerpos de personas como una estructura elefantiásica vienen desde el fondo de la Av. Bolognesi, entre una humareda y voces que se convierten en plegaria polífona. Sobresale una imagen, suerte de corona de esa protuberancia de carne humana. Vestidos de morado, con túnicas, crucifijos en mano, rosarios, velas, se abalanzan sobre San Martín a paso lento. Se calcula que su movimiento impactará con este otro movimiento más browniano que es la noche de Halloween vs el recorrido del Señor de los Milagros. Doy una calada más, exhalo luego de procesar toda esta información para organizarla de la siguiente manera. Qué diferentes son las estructuras que subyacen a estas dos rituales sociológicos, el uno convertido en el anverso del otro. Antítesis pura, es imposible que los componentes de ambos movimientos sociales no recusen en sus diferencias.

Símbologías, íconos jerárquicos, personas, movimientos intrínsecos caracterizan a cada uno de estos rituales que se acostumbra a ver en Octubre. En esta noche entran en una suerte de conflicto que solo yo puedo ver, y también escuchar. No pasan ni dos minutos para cuando mi oreja izquierda recoge la queja de una señora con crucifjo en mano: “Al menos que respetenque estpa pasando el cristo morado”; mi oreja derecha recoge esta otra: “Qué aburridos, vinieron a arruinar el paseo”. Un tercer personaje anónima ensaya su síntesis: “¿No era también un zombie Jesucristo?”. La escena es tierna. Ahora sí los señoras cosplayeadas de fervorosas seguidoras del Señor de los Milagros se mezclan con los payasos asesinos y zombies que cruzan al igua que elos San Martín. Los señores que cargan la pesada estructura del cristo morado, abren más sus ojos al ver que por su tránsito se topan con Gokú, Caballeros del zodíaco, brujas y magos. En el colmo de la situación, ambos séquitos, tanto del Halloween y el Cristo peruano, están codo a codo avanzando incómodos hasta el arco parabólico.

Los morados se detienen en el arco parabólico. Anuncian una pequeña misa, o rezo multitudinal. Mi mente contempla admirativa, y aprovecha para sacarle la raíz cuadrada a estas cosas que pasan. El mismo público hallowinesco observa absorto e inocente la ceremonia morada. Yo no ´puedo detener el flujo de mis pensamientos. Qué integrado es el movimiento morado del Cristo milagroso. Alrededor de su ícono las personas se adocenan hasta convertirse en parte de su cuerpo. El espacio que ocupan es reducido, tienen que estar lo más cerca posible de su ídolo. El programa es sencillo, trasladar al cristo morado hasta la catedral. Qué diferente de la noche de brujas. Su espacio es más amplio, y su movimiento más dinámico. No se concentra en alguna clase de ídolo. Si hay íconos, pero estos son tan variados que no hay epicentro, sí concentración. Cualquiera puede ser el ídolo de turno, Deadpool, Batman, Merlín, Optimus Prime, todos tienen sus 5 minutos. La gente interactúa libre de alguna restricción que lo ate a alguna jerarquía que debe respetar. En cambio el cristo morado plantea un teocentrismo radicado en la figura de Cristo Morado y su consecuente ideario.

Según esto no es difícil adivinar por qué la humanidad se vuelve en estos dos polos, el uno politeísta o policónico, gente que endiosa y convierte en héroes a cuanto personaje se le antoje admirable; y otros que prefieren un solo Dios, un solo líder, una sola fe convulsa en su propia inmantación. Ambas coexisten, pero no conviven. Si pudieran matarse, habrían aprovechado esta noche. Un discurso mediador lo impide, una voz invisible que está bien metida en sus cabezas y que es un tercero que los configura; les dicta la tolerancia, la proximidad, más nunca la simbiosis, menos aún la fusión. Ambos permanecen como mosaicos dentro de otros movimientos masivos en los que se aglomera la gente en fiestas para investirse de la simbología o lenguaje que los define. Los miro una vez más antes de dar una calada final a mi cigarro, y siento que la rigidez es propia de uno, y la liquidez de otra. La postmodernidad no es un terreno nivelado, tiene altibajos, y todavía se permite metarrelatos y antítesis. Unos disfrazados de libre albedrío, otros de una flotante y concentrada dictadura. Ambos son ya el fragmento de una sola ideología. Una tolerancia hueca, disfrazada de humanidad.

Tacna, 02 de octubre 2018.

miércoles, 31 de octubre de 2018

FEELBACK DE VALERIA ROMAN MARROQUÍN





Las poéticas de hoy tienen mucho que arriesgar. Ya no hay temas seguros, nos encontramos en un nuevo(viejo) continente que parece tan extraño y el cual se hace difícil explorar por su inconmensurabilidad. Los poetas se inspiran, desde sus acantilados, quieren traducir los polos defectivos y virtuosos de esa gigantesca Pangea. Según esto, todo autor cultiva insospechadamente errores y aciertos en los tramos de una escritura sin brújula ni padres adoptivos. Tanto peor para las primeras experiencias con el lenguaje de los bisoños. ¡Oh!, el lenguaje, ese otro, organismo fantasma cuyos contenidos afloran significados manifiestos y latentes. Feelback (Sub 25, 2016), es el primer órganum con el que Valeria Román Marroquín se adentra en el farragoso terreno de la poesía peruana contemporánea. Según confiesa ella, escrito a los 15 años, y publicada 02 años después. Libro brevísimo, intimista, confesional, sencillo, y por lo tanto, no menos lúcido, así al menos, se nos presenta un grupo  de 11 poemas organizados bajo el latido y  cartografía personal de esta poeta. Una primera leída de barrido da la impresión de ser un libro gramaticalmente descuidado, hecho a la volada, con una especie de automatismo psíquico que muestra más que estructuras inconscientes, una rebelión en contra de ese lenguaje viral al que buscaba domar el malogrado William Burroughs. Veamos esto con detenimiento.

Hay una despreocupación total del verso blanco, que se me antoja (an)verso. En Feelback parece no importar la organicidad y/o circularidad del poema, sino los ritmos distorsionados y estridentes de sus confesiones, las intuiciones de sus imágenes que elevan lo cotidiano a una categoría baldía, y por ende fantasmal. No se convoca la sonoridad, tampoco la lógica. La ortografía y sintaxis de Valeria Marroquín puede entenderse como una renuncia beligerante a la escritura formalista, dando paso a un dadaísmo que puede pasar también por inexperiencia poética si se nos antoja criticar una “versificación incorrecta”. Así el verso, clásicamente versolibrista, conocido por una estructura rítmica que todavía respeta la respiración personal del autor, en Feelback, se vuelve un asma o hiperventilación angustiante que inquieta por sus ritmos sincopados, palabras imbricadas, letras que parecen estar a contratiempo. Aquí no se corta el verso bajo una fórmula sonora, ni mucho menos invoca logos riguroso. De esta forma se prescinde de los signos de puntuación, de las mayúsculas, generando oraciones hibridas, que no privan de sentido ni rayan el garabato, sino que indican la dinamia con la que deben ser leídos, en clave de partitura, o una mera pragmática de cómo experimenta cada vivencia según su lenguaje privado. Esto se ve a lo largo y ancho de sus poemas.

Llamaremos (an)verso, término que utilizamos no para causar tendencia, sino para señalar una cosa de otra, en tono pedagógico, a esta versificación ciega y rebelde que da fuerza y dinámica al poema, como en “Every Little thing is made of love” : “por qué escuchamos canciones de amor por qué las cantamos/ por qué te gustan/ por qué las tocas bajo la tonta noche estrellada frente a una chica que te gusta tanto”. Aquí no solamente se obvian lo signos de interrogación, también se ponen las preguntas unas seguidas de otras, hecho que indicaría se lean de corrido. Sin embargo, otras veces puede parecer un error garrafal que deviene en galimatías, como en “Ícaro”: “desde sus orígenes el hombre ha mirado hacia el cielo/ buscando respuestas/ pero no encuentra no gira/ alrededor de nada como un muchacho/ hermoso el sol quema cuando se le mira directamente”, ejercicio que sabemos se realiza más por experimentalismo que por inexperiencia, aunque a veces parecen equipararse. Pero aquí no nos engañemos, estamos ante uno de los desaciertos que amenazan con hacer inteligible el poema; y de otro lado, muestra una conciencia del lenguaje devenida en experimentos en la versificación, pues así la obra, no sabemos si por ingenio postmodernista o mera coincidencia,  se revela abierta para que el lector desarrolle su propia respiración.

Decíamos que hay una conciencia del lenguaje, más no metalenguaje, y es condición de las escrituras postmodernas (o post 2000) tener la suficiente conciencia sobre el texto para deformarlo, jugar con él, revelar sus paradojas semánticas, los límites de sus sentidos, algo de eso se ve en este Feelback, más no es su categoría. El libro se inclina por hacer del lenguaje herramienta simplista, en clave confesional que se desnuda y revela sino el lado más creativo de la escritura, sí la filosofía del “menos es más”, donde las imágenes son tan comunes que uno se pone a pensar en cómo no nos hemos dado cuenta de la poesía que llevan esas estampas tan cotidianas como un día de cocina con la madre, un momento sobre los techos de la ciudad, estar en plan H con el enamorado de turno, o imaginar al mango como tema. De esta forma se desarrolla una fuerte poética de la memoria, escudriñando el deseo femenino, así como el descubrimiento y definición de la propia psicosexualidad. Y en este trance se nos muestra una fisiología del dolor bajo la experiencia ginocéntrica (adolescente en este caso), por la que se filtran las cosas de la vida en sus formas rutinarias. Pues a eso apunta la materia del libro, generando un panorama  donde la desesperanza, la resignación, y por ende una estética de la aceptación auguran el fin de su escritura: un feelback, concepto que juega con el feedback* (retroalimentación), solo que aplicado al escabroso campo de los sentires más que las ideas.

Hay al menos 3 temas que desarrolla Valeria Román Marroquín en este libro: 1) la subjetividad femenina y sus avatares,2) la relación disfuncional con los padres y el rechazo a la familia, y 3) el concepto de mundo en sus investiduras más cercanas. Para el primer tema, poemas como “Canción para mi baby baby bay” exploran un eros en el que se busca hasta revelar su estructura subjetiva, siempre en clave femenina: “yo no sé cantar pero escribo/ una canción para mi baby baby bay mirándome el ombligo”, poema que juega con la intertextualidad  (letra en ingles que bien podría ser de Justin Bieber o Aretha Franklin), para intensificar la riqueza semántica del texto. De este eros deviene la introspección: “Mi baby baby baby se mira el omlbigo/ me pregunta quién terminará por devorar a quién:/ yo lleno mi boca de lugares comunes/ como si fuera tierra/ devoro primero/ todos los animales que he sido/ para comenzar a ver mi cara/ limpia”. Esto mismo lo observamos en “Every litle thing is made of love”: “Por qué escribes sobre mujeres que vuelan/ sabías que no todas vuelan/ la taxonomía del animal lo dice así: dos piernas/ bocas como océanos/ nadan en sus palabras”, poema donde empieza a inquirir a su objeto de deseo para finalmente volverse a definir luego de mirarse adentro: “por qué no escribes sobre la sal sobre la herida/ sobre la herida que tengo la herida que me hiciste/ sobre algo que no duela/ por qué no escribes sobre mí”. Más de esto, con menos pulcredad es el motivo de otros poemas que son pretexto de esta autoexploración o conciencia de género, como en “Mango “ y “Postal en un techo ajeno”.

El segundo motivo, el tema de los padres lo vemos en “Escena uno interior cocina”, poema que parte describiendo la atmósfera inquietante en el que una hija intenta conectar con su madre: “los ciclos se van cumpliendo/ la sopa se prepara/ y ya no es mamá quien mueve la cuchara/si no yo/con las manos hundidas en el agua hirviendo/ ambas probamos la sopa siete veces antes de hablar”. Esta topografía hogareña adquiere un tono angustiante que sirve para aproximarse a la madre sino por el vínculo familiar, sí por el género al que ambas pertenecen, hecho que sugiere un fuerte descubrimiento del discurso femenino y su lugar ante las fuerzas que la configurar madre y esposa según los hábitos que se le asocia, más no en mujer: “aspiro la grasa en las ventanas de la cocina mi madre la tiene/ pegada en su nariz el tiempo la obligó a acostumbrarse/ a no quejarse/ a no sentir falta de aire”.  Todo esto transmuta en sororidad obligada o en la imposibilidad de la relación madre-hija: “me dice que los miedos no se crean ni se destruyen/ se transforman/ se heredan/ hierven a fuego lento/ y sabe que me h enseñado bien/ aunque yo n lo sienta así aunque no lo quiera comprender”. En otro poema como “Please, look around now to locate the closet emergency exit to your seat”, también leemos este interés de la poeta por elaborar este tropo: “estudio una ciencia exacta que los aeropuertos esconden muy/ detrás de las despedidas/ y aquella nos ha permitido sentir un tipo de tristeza para la que/ nuestros padres nunca tuvieron/ tiempo-“. O en “I have been made so you can use me again and again”: “Cuando madre deje de tocar la puerta y padre deje a las mujeres”.

Finalmente está el grupo de poemas que inspeccionan su relación con un mundo lleno de metarrelatos que fueron configurando su primera subjetividad, y  a la que parece querer renunciar en tono de ironía. Esto se observa en algunos poemas que delinean su concepto de hombre contemporáneo y los discursos que lo construyen en maneras que percibe sino injustas, absurdas. En “Autorretrato  circa mil novecientos noventa y nueve” leemos su filosofía personal: “Somos animales de mecanismos desarrollados para/ nacer/ crecer/ hacer/ morir/somos animales con las condiciones para medir la vida a una / velocidad perfecta”. Luego el poemas va enlistando el desencanto de las cosas, y una vez agotadas, se vuelve en sí para  revelar el lugar que ocupa dentro de ese remolino que la hastía: “así esperan así esperan así buscan/ en google:/ “cómo ser feliz en diez pasos”/ “las personas delgadas son un 30% más felices que las que no/ lo son, o sea yo/ cuánto cuesta ese 30%/ cuánto cuesta bajar de peso”. Todo esto moldea una feliz resignación que se conoce como autoaceptación incondicional definiendo a su escritura herramienta de su redención: “así es como se debe masticar una edad/ así es como se escupe/ en silencio”. Más de esto lo encontramos en “Ícaro” y “Pop negro” donde un pulso ateísta parece exorcizar los logos de un pasado del que reniega y formó parte de su mundo primero.

Esta psicotopografía configura sus textos como una escritura de la transparencia, una sinceridad cuya letra “escupe/ en silencio”, para quemar lo que sería una etapa al viejo estilo de una inocencia interrumpida; vertiéndole los claroscuros de sus partículas elementales. Sin embargo, hay que señalar que no todo en el libro es acierto. En varios pasajes los versos son imprecisos por un trato sino descuidado del lenguaje, demasiado apegado al experimento. Poemas como: “Mango**”evidencian un manejo rígido y frío del verso y no desarrolla ni cierra lo que invoca: “Aprendí a huir del hombre/porque solamente sabe comer fruta/ fresca”. O “Pop negro”, cuyo tema brillante -el influjo oscuro de la religión sobre el cuerpo de la mujer-, en este caso no llega a redondearse por ser un poema de estructura abierta: “repítelo al pie de la letra/ eres muy joven para entender/ santo/ es tu cuerpo un río seco un río que trae piedras santo es tu/ dolor y peso/ que llevas arrastrando santo es lo que brota de las heridas arrodíllate”. O este otro, “Love letters meaningless”***, que de igual manera arranca vertiginoso, pero lo esquirlado, lo intermitente, los saltos semánticos de estrofa a estrofa no llegan a la integración y vuelven a insistir en el poema hecho a retazos, que se presta más para una lectura excesivamente abierta donde el lector tiene que hacer todo el trabajo: “una ortiga crece dentro de una herida/ cualquiera como yo crezco de una / costra como yo existo en un estómago”.

En cambio son poemas como “Canción para mi baby baby baby”, “Every Little thing is made of love” “Escena uno interior cocina”, “Please, look around now to locate the closet emergency exit to your seat”, y “I have been made so you can use me again and again” los que le dan vivacidad y lucidez al libro, rescatándole de la mera ilusión óptica o el presentimiento de un libro irregular. Dentro de todo, este Feelback es una arriesgada apuesta por una poesía diáfana, que no elucubra ni invierte espacio para el verso barroco, cultista o metapoético. Un verso cuasi prosaico, con imágenes sencillas, un lenguaje repetitivo y evocador de lo cotidiano en su variante kafkiana, o al viejo estilo de escenas lyncheanas. La presencia de lo rutinario acompañado de angustia polineurótica, señalan esta batalla de la poética contra el pasado-presente de una voz que se descubre mujer y su consecuente aceptación incondicional. Una poética que aprovecha los límites del lenguaje (concatenaciones, encaballamientos) para elaborar un ritmo estridente, asmático, signo de reclamo; queja que prefigura una futura ontología respecto a la particular experiencia: cristal desde el que mira el mundo. No hay un feminismo en esta poesía, hay una conciencia de género, de clase, la intuición de precisar el lugar del hombre-mujer en el cosmos a partir de la singularidad que le ha tocado, para enhebrar los temas que empiezan a obsesionarla: el amor, el deseo, los padres, la feminidad, el mundo y todo su entramado en un libro que arriesga y gana por el mero hecho de no callar, de escupir, y desengañarse.

Tacna, 31 de octubre el 2018.



*Capacidad de un emisor para recoger reacciones de los receptores y modificar su mensaje, de acuerdo con lo recogido.
**Se observa que este poema ha sido corregido o tiene otra variante cuya calidad parece superar al aparecido en este Feelback. Ver: https://www.youtube.com/watch?v=cS896FE1N7o
***De igual manera, otra variante de este mismo poema, más elaborado y mejor desarrollado aparece en: https://www.playgroundmag.net/studio/historias/Valeria-Roman-Marroquin_22672813.html

viernes, 5 de octubre de 2018

¿POR QUÉ DEBE MORIR EN LA CARCEL ALBERTO FUJIMORI?




Las personas de estómago suelto se enternecen por las teatralizaciones de la familia Fujimori, cayendo redonditos en el trucho martirologio de su patriarca Alberto Fujimori. Recientemente se ha escuchado a padre e hija protestar en contra de una persecución y ataques de la cual, según ellos, son objeto, quejándose que el sexagenario viene siendo utilizado como “arma política”. Esto resulta soberanamente estúpido cuando son ellos los primeros en usar el fuerte simbolismo que representa el jefe de la dinastía fujimorista para las huestes que todavía creen en su mesianismo.

Fujimori es un hombre cuyos crímenes distorsionan el concepto de humanidad. Se conoce ampliamente las razones que lo condenan más que canonizarlo. Haciendo un balance de su “vida y obra”, este sale debiendo al pueblo peruano económica, emocional y moralmente. Por ningún motivo es razón para concederle alguna clase, por mínima que sea, de privilegio. El pseudo indulto humanitario perpetrado en las vísperas a Navidad del 2017 fue provocado por la presión instrumentalista de los propios Fujimori en una jugada que devolvería el mito y símbolo que alimenta las filas y fuerzas naranjas.

Alberto Fujimori es uno de esos trastornados que han dejado su humanidad para dar paso a sus más profundas perversiones. Su vida no es política, sino psicopática. No hay humanidad en cada uno de sus movimientos. Cegado por sus instintos primarios, se entregó a las ambiciones más siniestras a costas del pueblo peruano, quienes terminaron pagando por las atrocidades de los Fujimori. Pese a que el sistema judicial de este país logró con altibajos condenar el comportamiento anómalo del patrón fujimorista, intereses que viven en el submundo detrás de los poderes estatales, encontró la manera de lograr un "indulto humanitario" que fue mera jugada política.

No hay arrepentimiento en Alberto Fujimori, cuyas dotes actorales y jugadas políticas recuerdan la fraudulenta campaña de liberación que hiciera el dictador Augusto Pinochet. Realmente los criterios para indultar humanitariamente al patriarca de Fuerza Popular que maneja la gente de derecha a izquierda, no tienen pies ni cabeza, y son fútil sentimentalismo que se impone ante la razón. No hay por qué ser sensibles o pseudoracionales cuando se trata de “perdonar” a un ser humano que viejo y enfermo, supuestamente, no merece morir en la cárcel. Alberto Fujimori debe pagar condena, la cadena perpetua es apenas mera consecuencia de sus actos.

Alberto Fujimori perdió la carrera de demostrarle al mundo, y a los peruanos que él tenía razón. Nunca la tuvo. Pese a que sintió que su gobierno era una certeza irrefutable, el tiempo ha condenado su actuar y como perdedor, pagará las consecuencias. El asunto va más allá que los criterios de justicia que difícilmente el papel explicaría. La razón más sencilla para explicar por qué Alberto Fujimori no debe ser indultado humanitariamente se puede comprender desde dos puntos de vista que nada tienen que ver con las sensiblerías de aquellos que todavía mojan sus camas.

1) El simbolismo que todavía representa Alberto Fujimori para sus huestes es peligroso. Es sabido que los herederos del fujimorismo, entre ellos Kenji y Keiko, tienen como fuente de su pseudo poder popular  las acciones falsamente martiristas de Alberto Fujimori en su gobierno, con mitos y leyendas como que fue él quien acabó con el terrorismo, o que el sentó las bases económicas y democráticos del estatismo peruano, o que fue un santo para los pobres por medio de su asistencialismo; cuando en las sombras operaba de maneras famélicas y tiranas. Por tal motivo Alberto Fujimori como poder simbólico debe ser anulado y esto solo se logrará en la cárcel, porque libre, es sinónimo de triunfo para los fujimoristas.

2) Su encarcelamiento es ejemplo de justicia y castigo para aquellos que todavía se escudan en la horrible égida de antivalores repudiables. Que Alberto Fujimori permanezca en la cárcel hasta la muerte sirve de lección y advertencia para aquellos que viven de la corrupción, el abuso de poder, y el saqueo de las arcas de este país. La firmeza para que alguien que no merece el indulto humanitario por más que haga jugadas como falsificar certificados de salud o deudas políticas, es un sobreaviso para aquellos que hacen de la política un gamonalismo que convierte al Perú una chacra.

Esas son mis razones. Yo no perdono a Alberto Fujimori. Yo lo condeno, y si pudiera yo mismo haría justicia con mis manos. Cortaría su cabeza y la exhibiría en el museo de la memoria bajo el rótulo “cabeza clava de un dictador”. Los demás pueden hacer uso de las razones o motivos que quieran, que por lo general no pasan de una neurosis lastimera y de un efecto pastoral que engrosa las filas de una piedad que no tiene cabeza. No se le perdonó a dictadores de mal gusto como Somoza o Pinochet, y vamos a empezar a rasgarnos las vestiduras tratando de darle humanidad a alguien que no la tuvo. Alberto Fujimori morirá en la cárcel, o este país seguirá hundiéndose en un mar de lágrimas.

Tacna, octubre 2018

domingo, 30 de septiembre de 2018

RÉQUIEM POR YULVELY



Tenía la gracia de un alma caritativa, de valores y principios admirables y fuerte vocación de servicio. Logró cumplir un cuarto de siglo lleno de sueños, metas y motivaciones.  Por su naturaleza, era una de esas chicas parcas y solitarias, con una actividad introvertida mil veces más infinita que cualquier otra chica extrovertida. Su temple siempre fue calmado, y no llevaba nada de malicia en los ojos. De pocas palabras y verbo adaptativo, pasó su vida construyendo su propio espacio pese a las inclemencias de los días y las noches. En su corazón llevó pocas cosas, lo necesario para vivir con total tranquilidad.

Nunca le escuché maldecir la vida, no delante de mí al menos. No era de enojarse por cualquier cosa, de hecho difícilmente la podríamos encontrar fastidiada o tramitando alguna ira innecesaria. Cuando me enteré de su enfermedad, lo dijo tan sosegadamente que parecía una sutil mentira, de esas que solo animan la conversación. El tiempo que apegué mis pasos a los suyos, siempre tuve la impresión de que nada la aquejaba. Solo en sus últimos días me confesó lo difícil que era, pero incluso el tono de sus palabras era tan sereno que uno se olvidaba de su malestar. Yulvely siempre le sonrió a la vida.

Como todo ser humano sobre la faz del mundo hizo planes. Invirtió su tiempo en estudiar psicología, para garantizarse un lugar en el mundo, y así hacer lo que más le gustaba sin molestar a nadie: viajar por el mundo. No planeaba tener hijos, y era algo en lo que estábamos en total acuerdo. Amaba mucho a los niños, tenía la ilusión de ser la tía ermitaña de la familia. Y así lo hizo. Culminó sus estudios de psicología, inició los trámites para su licenciatura. Logró ejercer una charla para padres, hasta que la sombra de todo lo que no deseaba reposó en su vida hasta extinguirla.

Yulvely siempre tuvo todas las ganas y deseos de superar su enfermedad. Las veces que conversamos  hablaba con fuego en sus ojos. A pesar de que su salud fue agravándose paulatinamente, jamás se resignó y probó de todas formas luchar contra el cáncer. Luego de sus operaciones para contrarrestar los efectos de su enfermedad, pasaba sus días disminuyendo los dolores con mejunjes y medicinas que no le hicieran maldecir su destino. En medio de ese trajín, pude estar a su lado pocas veces, porque a medida que pasaban los meses, tenía que viajar continuamente para seguir luchando.

Finalmente ya fue difícil localizarla incluso en su casa, y ya casi no atendía al teléfono. Perdido en mis propios asuntos, dejé de seguirle el rastro; más por el ajetreo de los días que por voluntad. Hasta que un día Sandra me comunica que Yulvely está en Tacna, y se encuentra en emergencia en el Hospital Hipólito Unanue. No lo pensamos dos veces y fuimos al día siguiente a visitarla. Al llegar, grande fue nuestra sorpresa al no poder reconocerla rápidamente. Sandra demoró más en identificarla, e incluso sutilmente se negaba a aceptarlo. Vi a Yulvely con un rostro cadavérico de amplia sonrisa. Pese a que apenas podía reconocerla, por un momento sentí ver a la propia muerte cara a cara. Pero de inmediato sus ojos y palabras me dijeron que estaba ante la vida misma.

Delante de ella no iba a ponerme lastimero, no iba a tratarla como una enferma. Saqué la poca fortaleza que tenía luego de que la impresión me chupara la voluntad. Junto a Sandra le contamos muchas cosas, e hicimos planes. Acordamos ver "La Monja" porque a Yulvely también le encantaba el cine de terror. Nos dijo que se aburría y que estaba contando las horas para regresar a casa. Nos dijo que saldría pasado mañana. Prometí llevarle mi poemario “Perreo” antes de que saliera. Le entregamos un globo en forma de corazón que ella abrazó enérgicamente. Luego nos despedimos conteniendo lágrimas y con reflexiones oscuras sobre el tema. Y a pesar de su situación, nos alegramos por lo lúcida que se encontraba.

Ninguno de los dos esperaba la noticia. Ilusos,  no sabíamos que desde hace unas semanas había sido desahuciada. A los dos días siguientes el mensaje sombrío y tantas veces sospechado llegó. “Yulvely falleció. Velatorio y entierro en los siguientes días.” No sé porque pero no sentí nada al enterarme, una sensación insípida recorría mi cuerpo. Lo procesé inmediatamente, y cerré los ojos para aceptarlo tal y como venía. Nada de teatralizaciones. Hay formas sutiles de entrar en duelo por una amiga que se fue, sin manchar su honra. Me alegré porque murió plácidamente, luego de quedarse dormida para no despertar.

Creo que en el fondo, todos compartimos la ambivalente sensación de malestar y bienestar cuando un ser querido muere. El primero porque falleció alguien que es un pedacito nuestro, y que merecía disfrutar la vida hasta que ella lo quisiera; y lo segundo porque en un estado doloroso, a nadie le gusta llevar una vida llena sufrimiento y miseria, y lo mejor es dejarse llevar cuando todo es irreversible. Conversé conmigo mismo y decidí centrarme en algo que va más allá de esto. Decidí que viviría por Yulvely. Que el pedazo que guardo de ella, verá las maravillas de la vida y seguiría luchando contra la dureza de la existencia.

Hoy, te entierran Yulvely. Tu cuerpo murió. Tú eres más que un simple cuerpo. Aquello que el ojo no ve, vive conmigo. Estás aquí. Que descanse tu cuerpo, y tu alma permanezca a mi lado. Te regalo este haiku para que te alumbre y te de sombra ahí donde ahora estás. 

Las puertas
que cerramos ayer,
siguen abiertas.






sábado, 29 de septiembre de 2018

APUNTES PARA UN FLUJO INTELIGENTE DE LA LITERATURA TACNEÑA



Se puede pensar de muchas maneras la literatura tacneña. De esta forma para algunos es una vía para cultivar la lectura, la sabiduría, la conciencia regional, la inteligencia social, convirtiéndose en índices de desarrollo moral, espiritual o intelectual para Tacna. Otros verían en esto una oportunidad para promover el turismo literario, seguido de nuevos aparatos burocráticos que fomenten el libro y la lectura, una industria literaria sostenible, y espacios productivos de aprendizaje. No importa cuál sea el motivo, cada cual verá el interés e importancia que le dé al asunto. El caso es que si no se lo piensa bajos estos términos, algo conocido como literatura tacneña no solo irá desapareciendo, jamás logrará calidad y reconocimiento. Los autores hasta ahora renombrados dejarán de escribir perdiendo interés en publicar sus obras. Los lectores serán ajenos y desconocerán a sus escritores, y finalmente el hábito de la lectura, que de por si ya desaparece, quedará completamente olvidado.

Hace años atrás, el fallecido poeta y profesor Luis Chambilla hizo un diagnóstico que podemos hacer extensivo hasta este año y en sucesivo para tomárselo en cuenta: “Ante el poco beneficio económico de editar y publicar un poemario o libro de cuentos, la mayoría de escritores de esta etapa prefiere divulgar sus creaciones en revistas culturales, literarias o en recitales. Este fenómeno ha provocado que se contenten con ver sus creaciones publicadas en revistas o declamadas en recitales, pero no integradas en poemarios o libros de cuentos. Al ser, las revistas literarias, poco frecuentes en su aparición y su trascendencia escasa, los creadores pierden interés y la producción literaria pierde espacio entre sus actividades." Evidentemente este párrafo delega gran parte de la responsabilidad en los autores, sin embargo no es cierto del todo. Los guardianes y promotores de algo llamado como literatura tacneña es responsabilidad sino de todos, al menos de 5 grupos humanos elementales.

1. AUTORES LITERARIOS. Llámense novelistas, poetas, cronistas, narradores o ensayistas. Su importancia para el sostén del flujo de la literatura tacneña no se reduce a escribir y desarrollar medios para publicar su obra, sino a la vez de cultivarse cada vez más como creadores, leyendo teoría, crítica, y sobre todo literatura para que así la calidad de sus trabajos sean cada vez mejores. De otro lado también tienen la labor de aproximarse a editores y agentes literarios, además de autoridades y burocracia afín al rubro de la publicación y la lectura. También deben acercar su obra a los lectores no solo mediante el libro, también tiene que mantenerse comunicado con el público, como hacer visitas a instituciones educativas y universitarias, participar en conversatorios con lectores de diferentes estratos sociales. De modo que no solo los autores escriben, sino también son promotores de su escritura, buscando maneras creativas de reducir la brecha que separa al público de la lectura.

2. LECTORES Y AFICIONADOS. Aquí entra a tallar el público en general, cuyo nivel de lectura va desde el blanco hasta el negro con amplios tonos grises. No importa cuál sea el nivel de lector, su labor como primer consumidor de libros y por lo tanto de lectura es vital para el flujo de literatura tacneña por obvias razones. Sin embargo, el asunto va más allá si queremos resultados diferentes. Es responsabilidad del lector aspirar a mejorar su calidad de lecturas, ampliando sus saberes previos para digerir títulos de amplio espectro creativo. De esta manera los lectores no solo tendrán el rol de agentes pasivos en este flujo, sino lograrían tener un rol activo al mejorar sus criterios para valorar una obra y exigir títulos a su nivel de lectura. Algo que ayudaría bastante es lo que llamo activismo literario, y hace referencia a que el lector gestione o busque la manera de acercarse a l autor, de pedir a las autoridades y agentes literarios que desarrollen espacios y métodos para difundir la lectura y la literatura tacneña. Y por qué no, lanzarse además a hacer crítica no académica, blogs de lectura, reseñas, diarios, entre otros.

3. CRÍTICOS Y ESTUDIOSOS. Ya sean constructivos, destructivos, o como se les llame, la crítica literaria es importante para visibilizar, capitalizar, y hacer estricta pedagogía en materia literaria. A este respecto el crítico literario no debe ceñirse únicamente a analizar las obras de  los autores, sino además tiene que interpretar y hacer crítica el comportamiento de los lectores, de los editores y agentes literarios, de las autoridades y burocracia afín, y por qué no, incluso de la misma crítica, todo con el ánimo de que el flujo de la literatura tacneña no caiga en degeneración que en estos casos viene no solo por parte de la calidad de los autores, sino de la falta o mediocridad de los lectores, o de los vicios y malos hábitos de autoridades y agentes literarios. Por ello la misma crítica y estudios literarios debe buscar sus propios espacios en revistas, blogs, y periódicos para hacer llegar su voz a estos respectos. Es importante que esta crítica sea de espectro amplio tratándose de hermenéutica, análisis y fenomenología, pues ninguna crítica debe estar afincada a un color o dogma.

4. EDITORES Y AGENTES LITERARIOS. Todo el personal asociado a la edición, diseño, corrección, valoración y publicación del libro, además de la difusión del mismo en los espacios pertinentes, es asunto de estos editores y agentes literarios. Cuya misión incluye gestionar fondos y políticas para la promoción del libro y la lectura. Mejor si va de la mano con los mismos autores y lectores. Su trabajo no será sectario o elitista, más bien aspirará a estar en comunicación con los autores y lectores de la localidad, buscando, investigando  nuevas voces en materia literaria. Y sobre todo logrando la mejor manera de sacar sus publicaciones y dar calidad en sus estándares de publicación. Muy importante es que desarrollen estrategias para hacer llegar el hábito de la lectura y el libro mismo a través de medios impensados, como la televisión, la radio, y lógicamente en internet como blogs, foros, páginas virtuales que contengan material literario de diversa índole.  Asimismo es crucial que promuevan y gestionen espacios físicos de diálogo que aseguren el interaprendizaje como conversatorios, debates, ponencias, etcétera, procurando alejarse de dogmas y colores, con amplios criterios en la estética y contenido de los libros y autores.

5. AUTORIDADES Y BUROCRACIA. El rol de este elemento de igual manera es de vital importancia para generar condiciones que permiten el flujo y crecimiento de espacios físicos y virtuales para las expresiones literarias. Esto no solo incluye el trabajo que desde los gobiernos locales deben efectuarse, sino además, otros organismo e instituciones afines, como ONGs, instituciones educativas, universitarias, asociaciones y organizaciones sociales de diversa índole. De esta manera se pueden exigir y desarrollar políticas del fomento del libro y la lectura que implique la participación estatal y privada de los diferentes instituciones que regentan las estructuras de la sociedad. Aquí podemos hablar no solo de financiamiento, sino de trámites y estrategias para que desde el papel se llega a la acción directa de promover la literatura tacneña. No como pantomima o simulacro, no como oportunidad para malversar fondos, sino para un real desarrollo de la actividad literaria en todas sus facetas, velando por los intereses no solo de los lectores de toda edad, sino la de los autores, además de los editores, críticos y demás agentes literarios. Como por ejemplo promover un plan lector de literatura regional, o publicación y rescate de obras desaparecidas.

Como verán, ahora sabemos que el flujo de una literatura tacneña de calidad, lúcida, crítica y cultural para los más jóvenes y los adultos irá en crecimiento si reconocemos la valía e importancia de estos cinco elementos revisados, en cada uno de sus funciones. Sería un sueño ver activos estos roles en sincronía, sin embargo, para que esta rueda empiece a andar, solo hace falta que los 5 elementos  ejerzan sus roles por separado o mancomunadamente. Es curioso que todos se laven la boca diciendo que la cultura es importante, asintiendo mecánicamente con la cabeza cuando dicen que leer es valioso. Pero pocos meten sus manos al fuego por el real flujo de la literatura tacneña. A mi parecer, son estos 5 elementos los responsables de que esto suceda. Y de ser así, sería una razón más para que Tacna resalte no solo por la calidad de su literatura, sino por la inteligencia de sus lectores, es decir, sus ciudadanos. La literatura jamás será un producto bandera de Tacna si olvidamos esto, y seguiremos apilando cerros y cerros de quejas sin sentido.

Tacna, setiembre 2018.

martes, 25 de septiembre de 2018

"PRIMAVERA EXTRAMUROS" DE AUGUSTO ANÍBAL TOLEDO




Augusto Aníbal Toledo tiene una trayectoria fragmentaria y fugaz en la historia de la Literatura tacneña. Nunca se le conoció libro. Y lo que se sabe de su obra se debe a pequeñas plaquetas y un racimo de poemas que publicó en revistas como la ya desaparecida Letrasértica. Ahora, rompe el maleficio de ser inédito, y se anima a publicar su primer tomo de poemas. Esta noticia viene con un sorpresivo dato. Los poemas de su libro “Primavera Extramuros” (Autoedición, 2018), pertenecen a los accesos creativos de hace aproximadamente 10 años. El hecho llama la atención, pues al igual que el “Armilar” del poeta Ives Vicarra, los poemas que hace público no pertenecen a su presente creativo, algo que desde ya es una advertencia de la calidad del libro. Recuerdo que leí algo de Augusto Aníbal Toledo allá en los tiempos de Letrasértica, en el número dos del 2011 cuando publicó un grupo de poemas bajo el título “Órbita rota”, y ahí encontramos versos de calidad como Y no fui oruga antes, que se formó de ser otra cosa/ en esta esfera que guarda en sí misma el infinito.” Tales versos pronosticaron un poeta de calibre en ciernes. Veamos con qué nos encontramos. Abro el libro.

Cierro el libro y me viene una sensación que conozco bien. El libro es un conjunto de 38 poemas divididos en dos secciones, “Orilla” la primera, que desarrolla el tema del deseo y el desamor,  y segundo “El amor impropio” muy relacionado con el yo y los avatares de la existencia. Todo bien hasta ahí, sin embargo, el manejo del lenguaje en este libro es impreciso y exageradamente abstracto. Hay poemas que sencillamente tropiezan contra sí mismos al punto de hacer metástasis, debido a tonos incipientes y usanza barroca. Con un lenguaje recargado y juegos de palabra insípidos, los poemas no abren ni cierran, y son meros ejercicios verbales de mal gusto dadaísta. Versos de calidad pedestre abundan como: “Beso los labios que cogieron mis fases interpérritas/ acariciando tu figura que me encanta oculto.”; o “Te desafío a que me absorbas en tu encanto de espinas de flor mortuoria.” Cito los más bizarros que revelan pobre construcción y conceptualización del verso, seguido de cacofonías, reiteraciones y ripios que no completan un poema circular. Mi impresión es que en “Primavera Extramuros” escasea eso que alguien llamó “inspiración y trabajo”.

Sin embargo, lejos de centrarnos en el paupérrimo formalismo, los contenidos poéticos son otro asunto. Leo los poemas que desarrollan desamor y deseo, el yo y sus consecuencias,  y recuerdo al viejo Borges, quien dijo: “No hay poeta, por mediocre que sea, que no haya escrito el mejor verso de la literatura, pero también los más desdichados.” A este respecto hace referencia el trato depresivo, masoquista y delusivo del eros, que fácilmente podrían pertenecer a las cuitas de un joven Werther resucitado en la aldea global. Dicen sus poemas: “Arráncame las orejas con la serpiente de tu boca”, “Pertúrbame con tus palabras de ansiedad y hambre”, “¡OHG! Retírate de mis torturadas orejas…”. O, “Dispárame el fuego fulminante de tu desprecio que ha de/ llevarme a recordar, recordar… horrorizado ante/ una promesa que prefiere desangrar.”; o “Cae de tan alto… tan alto que no se puede nombrar”, “te desafío que me absorbas en tu encanto de espina flor mortuoria”, y así hasta el vértigo de una poética que revela su poesía como instrumento lacrimógeno, cosa que no estaría mal, de no ser porque algo así emula novel trabajo de púber o adolescente.

Nunca va a dejar de sorprenderme lo aburrido que puede llegar a ser el castellano cuando escasea el buen pulso. A pesar de que la mayoría de los poemas no se salvan de lectura crítica, hay un pequeño grupo que son proyecto y logro de poesía promedio, al menos en su variante intimista y confesional. Poemas como “HASTA QUE SE PUDRA DE AMOR”, “EXTRAMOR”, “SIN EMBARGO HAY ALGO QUE ME ATRAE”,”CONOCER EL DÍA”, INSTERTICIO" y “ME DETENGO LUEGO PROSIGO” son títulos curiosos, que dan cuenta de elocuencia, sostenido aliento, y púgil geometría. Lo más sensato lo encontramos en estos versos que escapan a la inconexa estructura de sus textos hermanos. Y a pesar de que el trato del tema y la forma no esté del todo trabajada, aquí habitan las fibras más mesuradas del autor. Este apunte no aspira a ser gratuito, pues ritmos ligeros y relativamente nítidos se perfilan para entremezclarse con una densidad de adjetivos indiscriminados, sinestesias desorbitadas y desmesurados oxímoron que quitan precisión y terminan si no por ahogar el poema, le prodigan asma que requiere el desfibrilador de una lectura que los reaviva más por la teoría del lector que por ingenio del autor.
   
Yo salvaría tres poemas. “CONOCER EL DÍA”, por su valentía formalista, cargada de una fuerza y tema que es presentimiento de vivaz uso del lenguaje. “Rueda/ (rueda)/espacio/ rueda la inmensidad /descuartizando segundos –insanos–/(Rueda) r u e d a/ Vuela / gira, (gira)/ espacio infinito de cerebros alterados/ inmortales suicidas, temerosos/ ¿Sueñas?”. "INSTERTICIO", de fornidas palabras que trabajan indómita introspección y voluntad, además de musical verbo: "Asolado en el desierto te busco en los espejos/ y te aclamo en las llamas que incineran el deceso/ Necesito que tu tacto acaricie envilecidos pensamientos. / Necesito oír el consuelo y no estar muerto en la memoria". Y finalmente “ME DETENGO LUEGO PROSIGO”, enérgica voz que da cuenta de un yo poético con los ojos bien abiertos, menos lacrimoso y como nunca, tenaz: “¿Qué me diferencia de ti?/ ¿La piel? /¿Los zapatos de otro color? /¿Mis palabras?/ ¿Mi entendimiento?/ ¿La razón?/ Todo es distinto, finalmente i g u a l.” Repaso estos versos, y es difícil no creer que otro es el poeta. Tal vez sea el presentimiento de un próximo Augusto Aníbal Toledo menos angustiado y distímico; más irreverente y audaz. No soy de dar consejos, pero ya que estamos, sugiero que deje en el olvido esos poemas adolescentes (del verbo adolecer), que pertenece a épocas creativas de hace años, y empiece hablarle cara a cara a la vida con textos de su presente.

lunes, 24 de septiembre de 2018

“EL LOCO Y LA TRISTE” DE LA COMPAÑÍA ALEGRÍA EN TACNA




El teatro, la dramaturgia, la escritura, el lenguaje tienen el poder de reunir en un solo espacio fuertes alegorías que sintetizan la filosofía popular, al punto de impactar en las formas inconscientes en que se organiza la mente humana, en un proceso de reestructuración subjetiva que reinterpreta la vida. Tal sentido tiene “El loco y la triste”, obra del fallecido dramaturgo chileno Juan Radrigan, que se presentó anoche en la legendaria Casa Laramamango, de la mano del elenco teatral de la Compañía Alegría del país chileno. Esta obra desarrolla las aventuras de dos arquetipos de la marginalidad chilena (que bien podría ser de todas partes): Eva y Huinca, una vieja prostituta displásica, y un anciano pordiosero alcohólico tendrán una ambivalente simbiosis de género cuyo fondo es el trajín de un suburbio caótico y depredador.

Esta obra fácilmente encajaría por tema y lenguaje en el realismo sucio, etiqueta designada para las narrativas que rayan el tema de la marginalidad, cuyo imaginario está recargado de personajes como prostitutas, borrachos, pordioseros, traficantes, proxenetas, drogadictos, etc.; todos expresando un verbo coprolálico y coloquial, y en este caso con chilenismos a la usanza que de inmediato, para el espectador peruano, transportan a una atmósfera enrarecida por lo diferente y, por tanto, extraño.  Es así que el texto sin usar formalismos académicos construye su argumento a base de modismos de todo tipo: refranes, muletillas, dichos de la cultura popular chilena, todos acompañados de cuando en cuando por una sutil poesía que se mixtura con la nítida interpretación de los actores.

La dramaturgia de esta obra está diseñada para que dos personajes, el uno varón y el otro mujer, sean los arquetipos de una cultura donde impera un machismo y hembrismo no por convicciones si no por puro existir. Así estas almas humanas que comparten desdichas, coexistirán para convidarse el poco fuego de la vida a pesar de sus penumbras. El carácter de estos personajes hacen que la obra rose en todo momento un sentido del humor popular con referencias jocosas a las propias desgracias y a los chistes sexuales. Pues, el uno bien podría encajar en el perfil de un sujeto psicótico, delirante por su refugio en el alcohol, mientras sueña con morir y entrar en el paraíso; y la otra borderline, con trastornos afectivos que la hacen maldecir por la vida que lleva. De esta manera Huinca y Eva repasan sus vidas para encontrarse el uno en el otro, en una muestra de buena relación entre géneros dispares.

Es notable la interpretación de los talentosos actores cuyos temperamentos son propicios para representar las vigorosas personalidades de los protagonistas. La escenografía, luces, utilería todo se integró, pese a sus tonos grises, hasta la fusión exacta con sus actuaciones para crear materia envolvente. No solo por el tema, sino por el fuerte pathos que tanto dramaturgia, interpretación y ambientación lograron transmitir. Sin duda la experiencia y talento de los actores me hace pensar en lo poderoso e influyente que puede ser para la obra el dominio de un atinado lenguaje no verbal y paraverbal, como la kinesia, la proxemia, que aquí cobran verdadero protagonismo junto con el texto dramático. Todo esto reunió elementos para que el espectador proyectara en ambos arquetipos sus propios miedos, certezas e inseguridades que desembocaron en rigurosa catarsis.

Me atrevo a decir que esta obra se enmarca en el teatro terapéutico, y el concepto no es gratuito. Pues hay obras que no son puro divertimento, sino que tienen la fuerza suficiente para poner las cosas en su lugar, hablando del interior humano. A eso apunta la teoría catártica: el hecho de superar duelos o conflictos propios del espectador, a través de la estética de la transformación, cuyos elementos emocionan, motivan, y por lo tanto permiten aprendizaje.  No hay estricta pedagogía aquí sino aprendizaje por observación. “El loco y la triste” es emotiva y lúcida. La recomiendo gratamente a todo aquel que no solo quiera ir al teatro a calentar el asiento, sino a dejarse transformar por un flujo de materia y energía que toca los matices del sentir humano. El mensaje puede ser otro, yo me quedo con este.

Tacna, setiembre 2018.