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viernes, 5 de octubre de 2018

¿POR QUÉ DEBE MORIR EN LA CARCEL ALBERTO FUJIMORI?




Las personas de estómago suelto se enternecen por las teatralizaciones de la familia Fujimori, cayendo redonditos en el trucho martirologio de su patriarca Alberto Fujimori. Recientemente se ha escuchado a padre e hija protestar en contra de una persecución y ataques de la cual, según ellos, son objeto, quejándose que el sexagenario viene siendo utilizado como “arma política”. Esto resulta soberanamente estúpido cuando son ellos los primeros en usar el fuerte simbolismo que representa el jefe de la dinastía fujimorista para las huestes que todavía creen en su mesianismo.

Fujimori es un hombre cuyos crímenes distorsionan el concepto de humanidad. Se conoce ampliamente las razones que lo condenan más que canonizarlo. Haciendo un balance de su “vida y obra”, este sale debiendo al pueblo peruano económica, emocional y moralmente. Por ningún motivo es razón para concederle alguna clase, por mínima que sea, de privilegio. El pseudo indulto humanitario perpetrado en las vísperas a Navidad del 2017 fue provocado por la presión instrumentalista de los propios Fujimori en una jugada que devolvería el mito y símbolo que alimenta las filas y fuerzas naranjas.

Alberto Fujimori es uno de esos trastornados que han dejado su humanidad para dar paso a sus más profundas perversiones. Su vida no es política, sino psicopática. No hay humanidad en cada uno de sus movimientos. Cegado por sus instintos primarios, se entregó a las ambiciones más siniestras a costas del pueblo peruano, quienes terminaron pagando por las atrocidades de los Fujimori. Pese a que el sistema judicial de este país logró con altibajos condenar el comportamiento anómalo del patrón fujimorista, intereses que viven en el submundo detrás de los poderes estatales, encontró la manera de lograr un "indulto humanitario" que fue mera jugada política.

No hay arrepentimiento en Alberto Fujimori, cuyas dotes actorales y jugadas políticas recuerdan la fraudulenta campaña de liberación que hiciera el dictador Augusto Pinochet. Realmente los criterios para indultar humanitariamente al patriarca de Fuerza Popular que maneja la gente de derecha a izquierda, no tienen pies ni cabeza, y son fútil sentimentalismo que se impone ante la razón. No hay por qué ser sensibles o pseudoracionales cuando se trata de “perdonar” a un ser humano que viejo y enfermo, supuestamente, no merece morir en la cárcel. Alberto Fujimori debe pagar condena, la cadena perpetua es apenas mera consecuencia de sus actos.

Alberto Fujimori perdió la carrera de demostrarle al mundo, y a los peruanos que él tenía razón. Nunca la tuvo. Pese a que sintió que su gobierno era una certeza irrefutable, el tiempo ha condenado su actuar y como perdedor, pagará las consecuencias. El asunto va más allá que los criterios de justicia que difícilmente el papel explicaría. La razón más sencilla para explicar por qué Alberto Fujimori no debe ser indultado humanitariamente se puede comprender desde dos puntos de vista que nada tienen que ver con las sensiblerías de aquellos que todavía mojan sus camas.

1) El simbolismo que todavía representa Alberto Fujimori para sus huestes es peligroso. Es sabido que los herederos del fujimorismo, entre ellos Kenji y Keiko, tienen como fuente de su pseudo poder popular  las acciones falsamente martiristas de Alberto Fujimori en su gobierno, con mitos y leyendas como que fue él quien acabó con el terrorismo, o que el sentó las bases económicas y democráticos del estatismo peruano, o que fue un santo para los pobres por medio de su asistencialismo; cuando en las sombras operaba de maneras famélicas y tiranas. Por tal motivo Alberto Fujimori como poder simbólico debe ser anulado y esto solo se logrará en la cárcel, porque libre, es sinónimo de triunfo para los fujimoristas.

2) Su encarcelamiento es ejemplo de justicia y castigo para aquellos que todavía se escudan en la horrible égida de antivalores repudiables. Que Alberto Fujimori permanezca en la cárcel hasta la muerte sirve de lección y advertencia para aquellos que viven de la corrupción, el abuso de poder, y el saqueo de las arcas de este país. La firmeza para que alguien que no merece el indulto humanitario por más que haga jugadas como falsificar certificados de salud o deudas políticas, es un sobreaviso para aquellos que hacen de la política un gamonalismo que convierte al Perú una chacra.

Esas son mis razones. Yo no perdono a Alberto Fujimori. Yo lo condeno, y si pudiera yo mismo haría justicia con mis manos. Cortaría su cabeza y la exhibiría en el museo de la memoria bajo el rótulo “cabeza clava de un dictador”. Los demás pueden hacer uso de las razones o motivos que quieran, que por lo general no pasan de una neurosis lastimera y de un efecto pastoral que engrosa las filas de una piedad que no tiene cabeza. No se le perdonó a dictadores de mal gusto como Somoza o Pinochet, y vamos a empezar a rasgarnos las vestiduras tratando de darle humanidad a alguien que no la tuvo. Alberto Fujimori morirá en la cárcel, o este país seguirá hundiéndose en un mar de lágrimas.

Tacna, octubre 2018

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