CALIENTITAS

"5 METROS DE POESÍA" DE MIGUEL GUTTI

¿Es la obra de Miguel Gutti, “5 metros de poesía”, una interpretación, crítica o comentario a la personalidad y obra de Oquendo de Amat,...

LAS PREFERIDAS

Mostrando las entradas con la etiqueta Crítica. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Crítica. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de septiembre de 2018

“LENGUA EN SU SALSA” DE JULIO PUMA






“Lengua en su salsa” (Perro Calato, 2018), es un poemario irregular, de temas variados que podemos sintetizar en reflexiones sobre personajes de la música y la literatura, historias de amor, pensamientos sobre la existencia, anécdotas cotidianas, y el propio yo. Con un lenguaje constitutivo y descriptivo, prosaico y por ratos redundante, construye episodios divertidos de su vida en tono humorístico. Julio Puma, el autor, no escatima en introducir en sus poemas el diálogo, el refrán, el aforismo y el epigrama. De esta manera estructura sus versos primerizos que no llegan a ser más que una recolección miscelánica de sus primeras andanzas con la escritura poética en su variante vanguardista, que es una revisión de la dialéctica con poéticas ajenas, de meditaciones y circunstancias cotidianas servidas en verso.

Hay que señalar el logrado espíritu de autoburla que desarrolla en gran parte de sus poemas, un afán de jugar a no tomarse en serio y afirmar sus incoherencias biográficas a través de la ironía. Sus poemas más redondos, escritos con carácter los podemos encontrar en los poemas breves y contundentes, que es donde el lenguaje no lo desborda, sino que se convierte en fino cuchillo para cortar el diamante. En poemas como “Tarzan”, “Uhmmm”, “La heroica en su punto”, “Ajjj” o “Chaski productions” el manejo del lenguaje y el tema son certeros. Aunque pocos, los poemas de mediano o gran tamaño más precisos los encontramos en “Hetaira”, poema sobre el burdel, propicio para comparar el vicio con la profesión; o en “Vida” y “Sinceridad”, poemas de corte confesional y filosófico que expelen sus soliloquios sobre la conciencia y la existencia humana.

Julio Puma, de cepa exploradora también se da tiempo para realizar formalismos y ejercicios literarios que pasan como poemas versátiles, en textos como los gemelos “Genealogía” y “Delirium”, parodia la relación hombre-mujer usando los días de Adán y Eva; en “Aprendiz” y “El feo de la película” se burla de la baja autoestima; y en “Rayo” y “Racista” auténticos epigramas de lujo, logra dar en el clavo. No olvidemos que además de poeta, Julio Puma parece ser enamoradizo, y no le hace tregua al eterno tema del amor, que en sus manos  se convierte en ocurrente juego que encontramos en tres poemas que valen la pena, como “Azul”, “Amordiéndonos”, y “Chiquita”, que le sirven para desarrollar su propuesta de cariño heterosexual. Desconcertantes e intrigantes son sus pequeños “Arunta aymara” y “Quechua” que mixturan el español con lenguas andinas.

Lo interesante de este libro “Lengua en su salsa”, es que apunta el nacimiento de un proyecto de poeta más para Tacna. Primerizo y todavía en ciernes, con su auroral obra, a mi parecer, hace parcial ensayo de un relativo buen uso del verso y figuras literarias. Como anteriores movimientos poéticos, la inclusión de neologismos, barbarismos, y bilingüismos llama la atención pues son nomenclatura iniciática que pronostica futura hibridación en ojalá su siguiente obra. Creo, razonablemente, que Julio Puma no es poeta de una sola obra, y que este su libro “Lengua en su salsa” es solo su declaración de intenciones. Su relación con el lenguaje en términos amplios que van más allá de un uso pragmático, son producto de cafés y noches, y han dado como resultado un puñado de textos interesantes que aquí he enumerado en curiosa reseña. Del resto, poco puedo decir.

viernes, 31 de agosto de 2018

“LA MADRE” ESTRENADA EN TACNA



“La pequeña compañía pujante” estrena una nueva obra en la ciudad de Tacna. Esta vez, nuestros quijotescos amigos, Lucho Ramírez, director, y Alizia Cuadros, actriz, nos presentan “La madre”, obra de la fallecida dramaturga peruana, Sara Joffré. La obra ha sido presentada en el rústico escenario de la Casa Laramamango, un jueves como fue ayer de Agosto. Con una nutrida audiencia, la obra nos muestra la decadencia de una actriz a la que conoceremos como La madre, quien pasa sus últimos días en escenarios deprimentes. Este único personaje de la obra, tal vez poseída por una demencia precoz o un delirium tremens, se pasa en el escenario recordando los días de su juventud como actriz de teatro, de cabaret, y de cuanto café bar o cantina se haya animado a contratar su exuberante talento. Parece que el personaje sirve de portal para revisar otros tiempos, realidades y contextos, pues al contrario de lo que sugiere el título de la obra: “La madre”, no habla sobre la maternidad, o al menos, no es una filosofía de la maternidad.

Veamos. La madre entra en escena, portando unos sonoros tacos y un vestido sensual, excesivamente maquillada, como solo las actrices viejas lo pueden hacer. Tal vez borracha y drogada, La madre no escatima en teatralizar su vida, como si no tuviese ningún argumento que contar, o como si estuviese cansada de tantos argumentos, se remite a narrar su pasado, a conjugarlo con su presente, pero nunca con su futuro, pues esa categoría la está vetada por obvias razones. La madre baila pornográficamente, sonríe, coquetea, dice incoherencias, habla con presencias fantasmales. No le tiembla la mano para interactuar con el público, e incluso lo invita a subir en escena para intimidarlo con su exuberancia. Acompañada de una divertida utilería, que incluyen cigarros, perchero, pelucas de neón, trajes y una botella de vino, se limita a jugar con todos ellos como signo de un talento que se le va acabando, pues en escena está claro que ya nada le funciona, o sencillamente ya nada tiene sentido, y ahí es donde empieza su tragedia.

Los pensamientos de La madre se le escapan o los suelta a voluntad, no lo podemos saber, pues el guion de la obra se lo permite. La madre alucina, delusiona. Creyéndose una gran actriz, una sui generis,  empieza a rememorar y contar cómo llegó a dónde está. Narra cómo vivió los 60’s, los 70’s, época en la que expandió su conciencia con la movida contracultural y hippie, seguido de la revolución sexual; para luego sugerirnos lo que vivió en los 80’s con los movimientos revolucionarios y el terrorismo de la época; y consecutivamente los 90’s, épocas de escasez, miseria y represión. Todo esto efímeramente sugerido y acompañado por efectos musicales que emulaban sirenas, música e imágenes de la época. También se dio tiempo de hacer un mea culpa respecto a su fracaso como madre, y sobre cómo eligió por sobre toda cosa, su carrera como actriz. Y es que el guion de la obra es una oportunidad para que repase los diversos contextos históricos que le tocó vivir, y su condición como ser humano a través de su maternidad*, actriz, alcohólica y vedette, etiquetas que configuran su humanidad en conflicto al final de su carrera y en tiempos difíciles.

Sin duda alguna la obra tiene una fuerte carga simbólica ya que toca un tema más que interesante, polémico y provocador. Y si tengo que cuestionar algo, es el guion, que me parece de contenido y desarrollo apresurado, o no muy bien estructurado, mostrando una trama no muy efectiva pese a los giros y sucesos en escena. Está claro que la obra quiere ser una crítica a la sociedad peruana de las últimas décadas a través de un delirante monólogo con un personaje decadente y altamente icónico como La madre, figura crucial que sirve de justificación para reunir en un solo epicentro varias realidades de nuestro país. Me gusta que la obra raye con el metateatro, rompiendo la cuarta pared, para hacer teatro del teatro. Sin embargo, la obra solo llega a sugerir lo que en realidad debería comunicar, y en todo caso, las referencias de las que hace uso se llegan a perder debido al poco tiempo y trabajo que se les da. A mí me parece que en su momento, la obra que fue estrenada en 1997 causó más impacto que ahora, debido a que en esos tiempos se vivía a flor de piel el represivo gobierno del dictador Fujimori, y los conflictos y tragedias sociales de la época. En cambio hoy, la obra puede ser considerada como anticuada, y es necesaria una actualización que renueve el guion, pues para mí, la obra no llega a ser contundente.

A Lucho Ramírez, el director, y a Alizia Cuadros, actriz que encarna a La madre, no puedo decirles nada, salvo celebrar su atrevimiento al elegir poner en escena una obra que logra entretener, y también a educar a través de la reflexión post-presentación. Demás está decir, que el diálogo que a posteriori concedieron, permitió revelar los puntos aquí anotados y socializar la reflexión colectiva sobre los tópicos que desarrolla la obra, una formula interesante para llenar el vacío que deja una obra que solo quiere pasar como divertimento intelectual y protesta social. Me da gusto que a pesar de los comentarios, críticas y opiniones, la mirada tanto del director como la actriz, sea la de alimentar, rehacer y solidificar sus criterios para generar una escena teatral y artística basados en los principios no solo de la tolerancia, sino, de la intereducación, pues tanta falta hace construir un público preparado para procesar de formas diversas el texto artístico en todas sus variantes. Mis felicidades a Lucho Ramírez y a Alizia Cuadros por bregar y no desmayar en su ánimo por pulir y consolidar su trayectoria alimentando de paso un movimiento artístico enérgico y subversivo.


*Hay que ver que el guion está preparado tanto para que actúe un varón travesti, como para una madre mujer.

** Aquí el link para revisar el guion: http://www.oocities.org/teatroperuano/madre.html

lunes, 30 de julio de 2018

RIGOR MORTIS A ENRIQUE VERÁSTEGUI


Habrán tantos Enrique Verástegui como gente que lo conoció y pudo leer su obra. De esta manera, todavía le espera más muertes al Ángelus Novus, pues cada persona que leyó su obra, que conversó con él, guarda un Verástegui que espera morir junto con ellos. Para mí, el único Verástegui que existió fue el que se dedicó a la escritura. Curiosa es la forma en que habita el poeta. Te habla o lo ves hablar a través de sus poemas. No habla como un muerto, no habla como un vivo, y así seguirá siendo mientras se lo lea. Por eso es que la noticia de su muerte, es un mera convención. El poeta está allí en sus versos, tan vivo, y tan muerto.


Imagino un futuro próximo donde niños de 5 años se me acercan. Me piden, a mí que soy su mayor, les recomiende la lectura de un poeta que signifique un viaje a ignotas texturas de la existencia humana. Leo en sus ojos lúcidos el deseo de más vida de la que tienen, siento en su mirada ansias por saborear atmósferas deliciosas, les adivino el pensamiento de buscar la madurez del ser a través del lenguaje. Y pienso en Enrique Verástegui, en un puñado de sus poemas que representan y transmiten la parábola que fue el desarrollo de su personalidad a través de una escritura narcicista, enciclopédica y delirante.


Pienso en los poemas de En los extramuros del mundo (1971), gaseosas construcciones que son vitrinas a la ciudad, fotos que flotan, marcos que iluminan los rincones de la civilización fragmentándose. Pienso en Praxis Asalto y Destrucción del Infierno (1980), breve y pirotécnica visión que tonifica y llena de luz el pulso de la mirada histórica. Pienso en algunos poemas de su Ëtica (1989-1995), en "Penelopea de Ítaca, pasó por Lima", en "Giordan Bruno", en "Perpetuum Mobile" poemas sonoros, bellamente construidos, muy concientes del lenguaje, que importan de la literatura universal posibilidades infinitas para la poesía peruana.


A esos niños de 5 años les diría que aprender a escribir, para purificar y pulir la existencia, a través de los autores que leemos, de los autores que nos enseñan a escribir, es necesario comprender los estados en que podemos dividir y entender el proceso de madurez y evolución escritural de un autor. Sin ser rigurosos, de momento, la división Verástegui en su obra son 3. Ni cronológica ni temática, sino semiótica; consiste en poemas del auroral En los extramuros del Mundo y otros poemas primos como primera división; en la segunda encontramos los poemas barrocos del Ética, en especial los de Monte de goce y Angelus Novus I y II; y en la tercera se encuentran textos demenciales del Tratado de la Yerbaluisa o Teoría de los cambios, donde aún podemos encontrar joyas como el poema "Maitreya" o "DIARIO Z + 1: 2/1/2004".


No tengo reparos en decir que no todo de su obra poética debe leerse. Gran parte de sus libros están plagados de ejercicios de escritura inconclusos e imperfectos, poemas que solo sirven para postular un oscuro concepto de genialidad poética, y que los jóvenes han hecho un culto al rededor de las florituras textuales, muchas de las cuales son ilusiones ópticas sobre el papel. Más allá de eso, todo aquel que se acerque a la poesía de Enrique Verástegui aceptará tarde o temprano algo que apunté en la época en que empecé a leerlo, justo después de terminar su Ética: "Hizo que la sabiduría de occidente y oriente se besaran y cayeran dormidos. Demostró la belleza y absurdo de las filosofías. Creó un jardín con todas las metafísicas. Armó una sinfonía de voces de antaño y hogaño para convocar la plenitud de no saber nada y deleitarse con los movimientos de la mente".

miércoles, 11 de julio de 2018

DAVID FOSTER WALLACE SE DEFIENDE



Acabo de terminar este cúmulo de entrevistas y artículos sobre el neurótico-depresivo-paranoico más tierno y corrosivo de la literatura de alto calibre. Y déjenme decirles que me ha parecido en sus momentos más incandescentes una lluvia torrencial de meteoritos cognitivamente hermosos. Y cuando no, sencillamente apático, rodeado de juegos mentales que salpican su baba a los malos entrevistadores, de una manera por decirlo así, provocativamente brillante.


Y es que, desde que vi su hiperquinética y ansiosa entrevista que le hiciera Charlie Rose allá por 1997, me dije "Wao, qué paja. Ese tipo es inteligente más veces por segundo que el promedio, tengo que conseguir todas sus entrevistas". Y desde entonces he rastreado sus entrevistas hasta el naufragio por las redes catódicas de Internet, hasta llegar a este curioso libro que ilumina ahí donde todos muestran indiferencia. Pues no hay tema para el que no tenga una respuesta.

El libro reúne, aparte de un prólogo insípido y poco revelador, el sumun de más de 20 textos, entre entrevistas y artículos, que recorren amplios momentos en la trayectoria de DFW, a propósito de sus libros de ficcion y no ficción publicados. Esto es importante para aquellos que nos sentimos atraídos por el DFW detrás de su obra, ya que revela asuntos algo así como la pluma detrás de la pluma, además de responder a la pregunta ideográfica ¿Cómo le veían sus contemporáneos?

Hay algo de maestro y de hermano mayor en DFW que siempre se le drena en cada respuesta que esgrimía. Se trata de un tipo que no solo quiere decirte que estamos perdidos y que necesitamos un mapa, sino que además, trata de compartir el suyo. Sin ser antisistema, se tomaba el trabajo no solo para despotricar y desarmar a su tiempo y espacio, sino que buscaba entregarse a la misión sino estoica, al menos hedonista, de explicar el punto que significó su existencia, dentro del terrible mosaico de la vida norteamericana.

A mi me parece que sus entrevistas, a lado de su obra mastodóntica de ficción, revelan algo más que al friki intelectual o el crítico ácido de la existencia humana. Lejos del literato, del profesor, del aficionado a la cultura de masas, para aquellos que buscamos siempre al humano detrás del efecto dopler de la lectura; esta colección de entrevistas evidencian la poderosa actitud humana que hubo en cada una de sus palabras.

martes, 5 de junio de 2018

SOBRE "NUESTRA SEÑORA DE LAS NUBES"



La Pequeña compañía Pujante se ha dado el lujo de poner en escena “Nuestra Señora de las Nubes”, pieza teatral del argentino Arístides Vargas, a quien no conozco, pero cuya calidad literaria no voy a poner en duda ahora. Se trata de una obra que desarrolla el exilio de la lucidez y denuncia la decadencia ética de un país que bien podría ser el nuestro. Aplaudo el trabajo de estrenar esta obra que una ciudad tan insípida como Tacna, destartalada por la ignorancia, el conformismo, y la impunidad, necesita. La pieza me ha parecido comprometida y pedagógica ya que no se enmarca en el reportaje, el talk show o la quijotada; es de esas obras que apuestan por deslumbrar en vez de adormecer. A través del humor y la ironía, narra el origen y miseria de una nación que se pudre desde dentro. Llama la atención que la obra se burle de la moral imperante de un país ambivalente e hipócrita, que se somete y forma parte de un fin común: la injusticia.

Hablemos de esta versión que “La Pequeña Compañía Pujante” presenta; que me ha parecido brillantemente simplista y minimalista. Y con esto quiero decir que se ha tratado de economizar los recursos sobre todo de producción sin que signifique mutilar el espíritu de la obra original. Pues de los 12 actores que necesita la obra, se han utilizado solo 4 actores para representar los diferentes roles y matices de personajes que esta obra reúne. A eso hay que agregar que el escenario, la vestimenta y la utilería se dejó de lado para sugerirlo apelando a 4 mantas blancas, sacos de vestir, dos tabloides de madera y las pantomimas de los actores. Sin olvidar que la música, el audio y la iluminación fueron poéticamente tenues. Esto quiero decir con simplista y minimalista, pues sin desmerecer, se apuesta por ante todo aprovechar el mínimo de recursos materiales para presentar la sencillez intensa de una narrativa que brilla por sí misma debido a un guión adecuadamente interpretado, y que se ve muy bien en esta adaptación.

Mención aparte merece el comentario a los actores, quienes hicieron un buen trabajo al mostrar su repertorio y experiencia para transportarnos a las diferentes atmósferas (clima social) de ese país tan realista y fantasioso que es Nuestra Señora de las Nubes. Me ha parecido versátil y dinámica la participación de los 04 actores, quienes, unos más experimentados que otros, hicieron muestra de un lenguaje corporal y gestual que calza con lo vívido y natural, nada de plasticidades. Así han sabido aportar vida propia a cada uno de los personajes que a lo largo de la trama fueron apareciendo e interactuando, dando esa continuidad narrativa que necesita la obra, sin caer en la incoherencia o el lapsus. La única vez que sentí un breve lapsus fue debido a la aparición de una de sus actrices en 03 escenas continuas con diferentes personajes, que sin desmerecer su actuación, sencillamente fue un minúsculo error técnico. Mis felicitaciones a “La Pequeña Compañía Pujante”. Su adaptación de “Nuestra Señora de Las Nubes” es recomendable.

domingo, 6 de mayo de 2018

EN TORNO A WIÑAYPACHA



El estreno de Wiñaypacha (Catacora, 2018) en las salas de cineplanet, probablemente se ha tornado en un evento intrusivo para muchos acostumbrados a consumir un cine comercial que permite la excreción facilista de emociones pasajeras. Sin embargo, Wiñaypacha, es más que un suceso mediático o una curiosidad por estar enteramente en idioma aymara o haberse estrenado en la misma semana que Infinity War. Los temas que desarrolla pertenecen a la descomposición de la cultura aymara, la vida en pareja bajo la cosmovisión andina, y la miseria de la ancianidad abandonada. El argumento no es solo simplista: es la voluntad insistente de su director de querer mirar con ojos propios una partícula elemental que compone a un Perú invertebrado. El director renuncia a una técnica acostumbrada a servir el lenguaje cinematográfico según cánones taquilleros, para dar paso a la poética de la imagen, haciendo de los paisajes y fondos que acompañan a la pareja de octogenarios (Willka y Phaxi), un personaje más, la madre tierra. En Wiñaypacha el tiempo y el espacio quedan anulados para mostrarnos un pedazo de realidad suspendida más allá de cualquier marco teórico. Los personajes no abundan, y la trama brilla por la ausencia de los mismos, dando mayor protagonismo a la pareja de ancianos, focalizando los sentidos y la percepción a los amplios matices psicológicos que se vive en los andes mediante la imagen continuamente superpuesta del hombre con su medio. Y a pesar de que el filme y su trama anunciaban un posible indigenismo o aymarismo, se trata horizontalmente del peso y valor de una historia que necesita ser contada, y cuyo director no vacila en arrojar al público de las formas que se le ha apetecido, desde una crudeza poética, que no aspira a nada más que mostrar y dejar en suspenso al espectador para que este finalmente decida cómo catalogar al filme. Tal imagen la podemos ver en el final abierto, cuando Phaxi luego de la pérdida de su esposo Willka, toma las cosas que le quedan para dirigirse a algún lugar que podría ser nosotros mismos, sí, así es, Phaxi, decide viaja hasta nuestro interior para mover y poner en orden lo que encuentre a su paso. Sería una pena que viéramos en Wiñaypacha un cine que hay que apoyar porque sí, por ser aymarista, o anticapitalista. Seria una mezquina forma de clasificar y construir un cine peruano que se deja llevar por ideologías antes que convicciones personales. Wiñaypacha remueve las fibras más hondas de un espectador que tiene en sus venas una realidad directamente conectada con la de los personajes y cultura aparecida en el filme. Quizá el estreno de Wiñaypacha en Cineplanet quedé como una curiosidad a pie de página, sin embargo, la calidad, la dirección, la temática y el argumento quedarán impresas en los ojos de quienes vemos en el cine algo más que centros de entretenimiento, pues el cine siempre es un viaje onírico al inconsciente humano, depositario de imágenes que reprimimos o fantaseamos, y que tarde o temprano surgen de manera abrupta sobre la realidad en la que abrevamos.

viernes, 4 de mayo de 2018

¿TRES TRISTES TIGRES? DE LA LITERATURA TACNEÑA




Personalmente Tacna es un cero a la izquierda en materia literaria, no porque escaseen los autores, o porque la calidad de sus publicaciones sean ridículamente mediocres, sino porque carecemos de crítica, de comentario, de opinología, de circuitos, recursos o medios para difundir el análisis y la interpretación de textos. Debido a cierta actitud autista en los creadores literarios, me parece necesario comentar no solo el ideario intelectual de los literatos, sino también la actitud autista de no querer saber más allá de lo que su propia literatura quiere saber.

Analicemos por ejemplo el discurso y actitud de los 3 invitados a las ponencias sobre actualidad poética, narrativa y teatral de la región, que contó con la presencia de Dorian Céspedes, Freddy Gambetta y Torres Gárate, todos ellos renombrados por su recorrido literario, respetados y no respetados por sus publicaciones, pero eso sí, sin ganas de querer jugar al intelectual, pues está de moda ser intelectual sin aparentarlo, algo que a mi parece es inconcebible; y no quiero ser sartreano con esto, pues no pretendo obligar o sugerir que el literato tenga un deber o misión literaria para con su sociedad y tiempo. Veamos.

A Dorian céspedes le tocó plantear un tema sobre teatro, y empezó a excusarse de no poder brindar un panorama crítico sobre la dramaturgia o teatro tacneño, pues no se siente especialista en el tema, ya que no se considera científicamente riguroso para empeñar el alma en comentarios sobre otros autores y obras. De modo que en lugar de ello prefirió hablar acertadamente de su propia obra y trayectoria como autor, proponiendo que el teatro debe emular a la prensa, pues no contentos con que la prensa nos llene de titulares sobre violencia y discriminación, nos plantea que el teatro debe hacernos sentir, llorar, indignar de una manera más, por así decirlo, académica e intelectual. No olvidemos que también calificó al cardumen de dramaturgos como “teatro literario”, que no tiene nada que ver con el teatro actuado o el vivencial, o como él cita, la “corriente postdramática”; con esto sus palabras dejan ver un cierto repudio por lo escrito, a pesar de que sus guiones dependen mucho de la escritura, está claro que se inclina por el oralismo y sus derivados. En este punto habría que recordarle que el teatro actuado, como la televisión, el cine, la pintura, y todo lo visual, privan parcialmente de la imaginación, pues al brindar imágenes ya confeccionadas, el espectador solo se sirve de ellas para desarrollar una argumento finito, a diferencia del texto puro, cuyo poder radica en lo que el lector agrega para completar lo que la actuación solo llega a sugerir. Fuera de eso, llama la atención que lamente no tener tanto poder como un Paolo Guerrero para influenciar a las masas a que consuman teatro; podemos entender por qué no lo tiene, si sigue mirando de soslayo al estudio del teatro regional, y a la educación del público; de hacerlo, probablemente le ayude a diseñar mejores estrategias para que sus obras sean algo más que eventos culturales.

El segundo en tomar el micro fue el tan repetido, y con justa razón, cronista de Tacna, Freddy Gambetta para que como poeta, desarrolle un tema sobre poesía y afines en la región. Con la edición de Antología de Poesía Tacneña en mano, del autor Segundo Cancino, no sin antes recomendar que poco podía agregar al análisis de la panorámica poética de Tacna, anunció que hablaría de las grandes omisiones que se hizo en esa antología del vate. Toma vuelo y empieza a lanzar verborrea y frenesí que podemos resumir en unas cuantas preposiciones. Número 1) Todo pasado fue mejor, lean a Federico Barreto y al grupo Letras, el modernismo de su época. Número 2) Nunca hubo un reconocimiento a los poetas tacneños, Tacna no existe en las antologías. No se acuerdan del poeta Ricardo Jaime Freyre, tacneño continental. Número 3) Los jóvenes tiene hoy en día acceso a mucha información y literatura, no me hagan preguntas, ya saben lo que les voy a responder. Tales premisas me parecen comprensibles, sin embargo, hay algo que no considera el afamado Freddy Gambetta, y estos es 1) la literatura del siglo XIX y en parte la del siglo XX, poco tiene que ofrecer al lector de hoy, y 2) la actitud con la que el lector se aproxima a la literatura hoy en día varía de la forma en la que las generaciones pasadas lo hacían. De modo que sería algo imprudente y contraproducente acudir a las literaturas del pasado si no hay esa intencionalidad existencialista que hace de los humanos hombres y mujeres, pues muchas personas maduran en base a pedazos literarios para abrevar y definir el sentido de sus vidas. Y en todo caso, conviene recordarle que su repulsión hacia los jóvenes, se nota en la manera en que se dirige a ellos, en calidad autoritaria, y sobre todo no empática. Esperemos que Gambetta se reconcilie con la juventud, a través de una escucha activa, algo que muchos intelectuales de la localidad carecen.

Finalmente, el último en intervenir, fue Juan Torres Garate, con un collage sobre narrativa en la región. Empezó puntualizando que la narrativa tacneña al ser, según él, amplia, se resignó a no investigar y, en calidad de docente de ciencias sociales, a pesar de ser un narrador con trayectoria, solo esbozaría algunas anotaciones. Es así que empieza a citar y recomendar el trabajo de Calderón Albarracín, para una amplia revisión de la narrativa tacneña del siglo XIX al siglo XXI, en dos tomos. Libro en el que por cierto, es el prologuista, y por ello mismo, se dispuso a leernos partes para incidir en las ventajas de la narrativa literaria. Según él, la literatura desarrolla la fantasía como un elemento transfigurador de la realidad, introduciendo dos elementos “deliciosos”, el desasosiego y la ilusión. Más allá de estas ilaciones, Torres Gárate elaboró una lista de comentarios críticos sobre la pésima educación literaria en las universidades, la pobre difusión de los libros por autoridades y editoriales, y el escaso estudio que se hace de la literatura regional. Tal como apunta irónicamente, Tacna no es una tierra de narradores, a diferencia de los poetas, que abundan mediocre o lúcidamente. Esto hace que Gárate refunfuñe sobre la falta de una tradición narrativa en Tacna, debido a una serie de negligencias colectivas que podemos enumerar de la siguiente manera: no hay cursos o talleres de creación literaria, la educación literaria en las universidades atosiga y ahuyenta a jóvenes lectores con lecturas pesadas (La Odisea), la escases de librerías del alto nivel en la ciudad, y el alto precio que las editoriales locales manejan para la publicación de libros. Todo esto, como parece sugerir Torres Gárate, desfigura y aniquila la tentativa de generar un circuito o corredor literario de vanguardia, cosa que empeora con la falta de interés en estudiar autores y obras regionales desde la Universidad.

Dicho esto, se puede increpar varias cosas a los autores de la mesa y a los organizadores, sin embargo, no hay que dejar atrás el saludo a la labor y esfuerzo titánicos que le ponen los implicados para desarrollar temas literarios con la finalidad de darnos al público eso que tanto falta, una educación literaria de nivel que siembre interés y pasión por la lectura y escritura. Desde mi punto de vista, más allá de las observaciones que he anotado a manera de crítica constructiva, pienso que los autores de la mesa han respondido cada uno a su manera según su idiosincrasia, y eso es más que válido. No se puede echar lodo a la actividad noble de difundir ideas, por más que estas nos parezcan desfasadas, erróneas o presuntuosas. Mi texto está estrictamente diseñado para que entre intelectuales y anti-intelectuales prevalezca un dialogo activo donde hay que aprender a escuchar al otro, y no solamente quedarnos con nuestra pequeña zona de confort.

viernes, 22 de diciembre de 2017

APUNTES EBRIOS "SOBRE LA PARED"



No hay necesidad de fuego. El infierno son los otros.
Jean Paul Sartre

Nunca está de más que el teatro local nos recuerde una moraleja de la lógica sartreana, la mirada del otro como un muro, pared, obstáculo; desarrollada similarmente en un libro que ya no es necesario revisar, y cuya tópica la encontramos a flor de piel en las calles, desde que uno intenta zamparse en la fila, o cuando buscamos asiento en los buses. Para la obra de teatro que vamos a comentar, esta mirada hostigante del otro, aplica para su argumento lésbico de una pareja cuya conducta afectiva y sexual se alejan de la norma cultural e ideológicamente establecidas.

Veamos. Tal vez la moraleja en “La pared”, sea la de: “Oh rayos, miren, somos unos malvados. Nosotros, la humanidad, somos los que juzgamos y censuramos las conductas de otros, justamente porque envidiamos esas manifestaciones de las que no podemos ser parte, y por ello mismo, al ser imposible formar parte de un goce que no entendemos ni podemos practicar, detestamos esas conductas. Y no contentos con eso, pedimos que se condenen. Porque aquí nadie puede amar más que yo, aquí nadie puede ser feliz más que yo, aquí nadie puede ser tan idiota como yo”. Pero vamos, el pequeño espectáculo que resulta “La pared” es más que la puesta en escena de una moraleja que podemos rastrear desde los postsocráticos, pasando por Sade, Freud, llegando a Sartre y Lacan.

Algo que parece preciso señalar, es que hay una siniestra, ingenua y aburrida ambivalencia en la estructura de los espectáculos intelectoides del siglo XXI, una tendencia a la personalidad múltiple, que se explica del siguiente modo. La perversa convivencia de estructuras antagonistas, que a diferencia de la integración yinyanesca, viven para satisfacer las dos caras de un mismo espectador: una tendencia a la mera expectación con sus sensualismos contemplativos, que se coronan mediante la risa o placer; y la otra, una parábola cognitiva de tendencia reflexiva y crítica, diseñada para inocular conciencia, como correlato. De esto mismo parece hacer eco los comentarios del director de “La pared”, al proponer las artes escénicas como alternativa seria y real a la televisión o internet, optando por una especie de activación sensorial e intelectual en el espectador.

A mi parecer, “La pared” es una obra asimétrica y polifónica de corte socioterapéutico que desarrolla el incipiente e invisible tema de la exclusión y condena de la conducta lésbica, en medio de una sociedad hipersensible y fóbica a la felicidad del otro, en clara descripción psicotopográfica de cualquier ciudad con poca tolerancia a la frustración. De argumento sencillo e imperceptible de seguir, debido a los recursos de los que se vale para atrapar al público. La inventiva y performance de la obra, aportan una experiencia que se puede acompañar con un mojito barato y subtítulos a gusto. Mención aparte merece la vestimenta y maquillaje, el léxico corporal, las coreografías con TDAH, y el uso dramático de la percusión que recuerda al uso de la misma en Birdman de Irrañatu.

TOMÁS ANGULO Y LA PSICOLOGÍA COMO ESPECTÁCULO



Resulta bizarro plantear a Tomas Ángulo como el adalid trucho de un movimiento que haría llegar la psicología a las masas, vía televisión o libros de autoayuda. Para muchos, este sujeto más cercano a un personaje de telecomedia, es el típico ejemplo de las personas que se venden a la televisión por dinero, fama y poder, de modo que la psicología (si psicología es) de Tomas Angulo ha pasado a ser una alternativa de pseudoanalisis, predicción y crítica a los métodos astrológicos, tarotistas y chamanísticos que día tras día comentan el comportamiento de Chollywood. Quizá con Tomas Angulo estamos hablando de un adagio que la psicología barata hará en la televisón acaparando todas las pantallas, anunciando de este modo el fin de las parapsicologías.

Quien conoce un poquito de psicología, sabe que los sofismas que Tomas Angulo suelta en entrevistas, intervenciones de espectáculos, libros de autoayuda y stand ups, no son más que pequeñas pastillas de psicología popular que difícilmente exploran el grueso profundamente téorico de la psicología como ciencia aplicada. La psicología que Tomas Angulo divulga, es un producto enlatado made in china, un fastfood que más que proveer nutrientes, tiende a solamente endulzar el paladar y llenar de tejido adiposo las vías sangúineas del seso. Basta con ver el material escrementicio de su bibliografía liliputiense, donde no solo se niega la psicología aplicada, sino que también se la cholifica, volviéndosela así una psicología de barrio, con calle, como dirían los antropólogos urbanófilos.

En su segunda visita a Tacna, Tomás Angulo, reconfirma su séquito de seguidores ansiosos por sonsacarse una risa a costa de proyectarse en las piruetas escénicas y frases incompletas que propone, pleno de verdades a medias que ensaya y salpica al público. Al parecer, para satisfacer a un público ávido de espectáculo y educación, a Thomas Angulo solo le hace falta verter en una licuadora un puñado de enunciados sobre neuroquímica hormonal, conducta de pareja, moralina cascarrabia, palabras soeces, piruetas corporales, y un rostro que tiene como fondo “la vida es un carnaval”. Con esto “llega” a la gente para hacer que rebalse de risa y jerigonza. Ni qué decir del uso indiscriminado de estereotipos excluyentes tanto del varón como la mujer.

Y es que desde siempre el amor (que es un proceso psicológico más con base neuroquímica), ha sido un negocio, y por lo tanto, la psicología del amor, no puede dejar de serlo, debido a una ingenua demanda del público que todavía se traga obligatoriamente los metarrelatos de un final feliz basado en la pareja ideal. Para ello basta proponer que la risa que resulta del contacto con el uso humorístico de caricaturas y viñetas maritales, provoca efectos terapéuticos en esas parejas que han sido estafadas con el cuento del matrimonio por amor. De esta manera opera el artilugio que convoca a unos cientos de personas que compran boletos para acudir no al psicólogo de las relaciones de pareja, sino al personaje que aparece en televisión, y que dice cosas chéveres y graciosas.

Independientemente de que la risoterapia grupal que Tomas Angulo propone agotando un humor muy peruano consistente en soltar de cuando un mierda o carajo, usando gestualidad sardónica y caricaturizando viñetas maritales que producen el “hey, eso me pasa a mí, yo lo hago”, independientemente de esto, sería difícil precisar si se logra producir un insight en el púbico. Lo que si es seguro es que la risa peruana, que es la más fácil de producir (por razones psicodinámicas) aflora y ennublece la visión. Lo más probable es que en el Perú la psicología se está empezando a consumir más como un espectáculo que una aplicación terapéutica.


ME LLEGA AL PYNCHO LA PAISANA JACINTA




El problema de que la Paisana Jacinta esté en cines, es que ha rebasado el don de la conchudez. La industria que alimenta la fetichización de productos que avivan el seso a los drogodependientes de la estupidez ha ido lejos. La paisana Jacinta en las pantallas grandes, lejos de ser un asunto de menor importancia, es un síntoma de nuestros tiempos, en el que productos no-estéticos y altamente lucrativos que hacen uso del chiste fácil, siguen aumentando de ceros sus cuentas bancarias a costa de un daño colateral, la perpetuación de un humor que maltrata de forma latente y manifiesta.

Por más que la Paisana Jacinta se vista de tufillos morales, pro-estéticos, o artilugio de entretenimiento, estos no sirven más que de coartada para que debajo del telón, revele su auténtico modus operandi, el de ser un producto destinado a lucrar por sobre toda intención. Basado en un mecanismo de acción que es utilizado en este país desde hace décadas: la caricatura mordaz; que en su sesgo lástima psicológica y culturalmente a unos, y a otros refuerza y perpetua un patrón de conducta, no solo un racismo microscópico, sino un (y no exagero) separatismo implícito.

No es casualidad que en la televisión peruana y en las producciones fílmicas tipo serie Z, muchos “artistas” se hayan dedicado por casi medio siglo a la caricatura mordaz de las mujeres andinas con el único objeto de promover la risa sardónica por medio de la exageración de rasgos y apariencia psicológicos y físicos. Para muestra un botón, uno de los iniciadores de este caricaturismo mordaz, es el personaje creado en los 80’s por Guillermo Rossini, la Chola Eduviges, la del “culantro limpiecito y fresquito”, quien usando un lenguaje ambivalente contaba chistes de tono comprensible para el público adulto.

El punto es, con la polémica desatada de la Paisana Jacinta en cines, la gente tiene una oportunidad de comprender por qué que un humor que promueven personajes como el negro mama, la paisana Jacinta, y otros, basado en la mofa de rasgos personales de cultura que se alejan de la norma, solo conlleva a seguir invertebrando un país amorfo y para nada cohesionado,  al contrario, seguirá manteniendo frescas las fracturas no solo a nivel cultural, sino a nivel psicológico; en vista de que la polémica ha creado una línea imaginaria que separa a unos de otros, los que celebran el humor bizarro y a ratos insostenible de Jorge Benavides, y los que apelan a la reflexión y análisis conductual de prácticas que lastiman a grupos étnicos y resquebrajan la unidad pluricultural del país.

Solo queda decir una cosa más, en vano Jorge Benavides y su séquito de seguidores apelan a un victimismo artístico al argüir que se censura una liberal forma de engendrar entretenimiento para una masa de teledependientes ávidos de excretar una risa. La Paisana Jacinta, el Negro Mama y otros personajes que caricaturizan mordazmente a grupos étnicos, no son más que depósitos de basura que se llenan de una enfermiza y multitudinaria risa. De ninguna manera la aparición de la Paisana Jacinta en cines es un producto cultural, estético o de entretenimiento. Su único interés es la de vaciar los bolsillos a una población que ha crecido burlándose del otro a través de una exageración de rasgos y patrones culturales que son incapaces de comprender, y que por ello mismo se los rechaza. Típico y aberrante actitud. Nostalgia pura dirán otros.

HABLEMOS DE ARMILAR, DEL POETA YVES VIZCARRA



Yves Vizcarra, poeta, compañero de batallas y amigo mío, ha publicado su primera colección de poemas, y como todo poeta que se precie, ávido de mostrar su madurez a un nivel psicolingüístico, y por qué no, mostrarnos también la nueva coraza de su personalidad, ha reunido en Armilar, poemas primerizos que estuvo escribiendo en una etapa anterior. Dato revelador por cierto, ya que no estamos hablando del actual estado creativo del autor, sino de una radiografía, tomografía o informe clínico. Digamos, pues, algunas palabras.

Armilar quiere ser un libro sensorial, intimista y metafísico. Las percepciones que hace de su entorno inmediato tiene el acento florido de un simbolismo amanerado y melancólico; la introspección que realiza a su interior a manera de auscultarse el seso, resulta plena de confesiones sobre el latido interno; a un nivel ontológico, los versos de Armilar no solo buscan atrapar y definir la realidad, sino además plantean el doble ejercicio de contemplarla y completarla con un verbo que erosiona y enerva el porqué de las cosas.

El verbo de Yves Vizcarra en Armilar, está compuesta poruna cadena de somniloquios y verborrea cuya estructura limítrofe se ubica entre lo neurótico y psicótico, donde gana mayor premasia el verbo que el logos. Debido a que se prefiere los significantes más que los significados, las imágenes superan el sentido. Sin embargo, de vez en cuando se filtra el material humano con el que escribe y se toca las fibras: “y aprovecho de mí, esta estúpida emoción/para curar mi padecer de pensar” o “y si no tuviera más remedio/que quedarme en ser yo mismo/ tendría que demorar en encontrarme mucho/acostumbrarme a mi forma verdadera”.

Este yo poético de Armilar parece un sujeto que ha nacido viejo. De cualidades ominisientes e hipersensibles, da la impresión de ser una suerte de conciencia cósmica que no solo mira el todo, sino también mira su ombligo. Por supuesto, este ser cósmico también está sexuado, esto le hace dirigirse a un único otro que percibe hembra, y cual objeto lúdico, juega con esta para recordarse lo que no es y lo incompleto que está. Curiosemente en Armilar solo hay dos presencias, una que especta, y otra que expele confesiones. Sin duda alguna, cada poema conforma un fragmento de un único Insith que termina como empieza el libro: “A lo que ya no soy”, “jamás fuiste tan lejos a encontrarte”.

De esta manera, el libro Armilar se muestra como una espiral hacia dentro. Un punto mirándose a sÍ mismo, desde afuera y desde dentro, desdoblándose; mitad onda, mitad partícula. Es imposible no presentir la actitud hamletiana y el tono vallejiano. Personalmente me han gustado sobremanera 3 poemas que desde ahora sé que estarán en toda antología del autor. Hablo de “Breves pausas”, ”Infusión de estrellas” y “Madera”, que a mi parecer, representan la madurez técnica y estética, y por qué no, miran un nuevo horizonte para el autor.

viernes, 10 de noviembre de 2017

"POESÍA EN TACNA" DE SEGUNDO CANCINO


No escasean las antologías de poesía en Tacna, pero tampoco es que abunden. Las pocas que circulan desarrollan, comprensiblemente, criterios incompletos. Como por ejemplo: ceñirse solo a una generación, antologar a un puñado de autores favoritos, fotografiar el presente poético con los autores de turno, o mostrar el proceso evolutivo de la poesía tacneña a lo largo y ancho de la historia. En esta última vertiente es que se enmarca la ambiciosa antología publicada por Segundo Cancino, poeta y profesor cuya obra es de incalculable valor. “Poesía en Tacna (selección y notas)” (Cuadernos del Sur, 2017), se ha convertido en el hermano mayor de toda antología poética hasta el momento. Nada tienen que ver sus 208 páginas, o su edición impecable con su afamado ingreso a los hitos de la historia. Lo que lo hace admirable son sus criterios, intenciones y contenidos que el libro expele desde que lo abrimos. Más que una simple acumulación de poetas harto conocidos y otros no tanto, el tomo es un breve y necesario estudio de la poesía tacneña. Con un texto introductorio, notas biográficas, poemas representativos de cada autor y época, y bibliografía que explora la producción poética en un período que va desde las últimas décadas del siglo XIX, pasando por el siglo XX, hasta las primeras décadas del siglo XXI, revisemos los puntos fuertes y flacos de esta edición.

Destaco los logros de este súmmum, pues incorpora a autores no conocidos tanto para estudiosos y lectores asiduos. Es así que poetas de peso como Carlos Gonzales Marín o Hugo Salazar de Alcázar entran al partenón de la trascendencia poética tacneña, si ésta última vale la pena. Además de eso, la antología es oportunidad para que creadores menores y los jóvenes se hagan conocer, dando como resultado un atrevido contraste entre los poetas ya consagrados de Tacna, los raros y desconocidos, y finalmente los nuevos que prosiguen con el duro y placentero trajín de la creación poética. Todo esto hace que el lector se arroje a un viaje que no termina en naufragio, sino en puerto seguro que cada cual prefiera. Pues el libro reúne escritos de diferente raigambre, como para que el lector, cual si paseara su carrito de compras en el supermercado, elija a sus favoritos y haga su personal constelación. Por ejemplo, yo favorezco las lecturas de cabecera con poetas como Guido Fernández de Córdova, Carlos Gonzales Marín, Hugo Salazar del Alcázar, Juan Gonzalo Rose, Giovanna Pollarolo, Mario Carazas y Yesebell  Sechar Velazco. Esto es posible ya que la edición reúne a afamados y ninguneados por las instituciones  e industrias de la localidad tacneña, puesto que  como nunca, se puede ver brillar, unos más luminiscentes que otros, esta amplia pléyade que  imprime con justicia el espacio rico y creativo de la poesía tacneña, que nada tiene que envidiar a otras ciudades más grandes y pobladas.

Y si de hacer balance objetivo se trata, hay que anunciar que la obra no es definitiva, y está abierta al continuum de otras ediciones que completen lo que esta obra sugiere. Por ejemplo, hay autores, que sin pegar el grito, merecen estar en esta obra, descontando la propia omisión que se hace el autor, Segundo Cancino, pues tal como dictan las leyes, este no debe antologarse por parecer ejercicio indecorosamente subjetivo, cosa que podemos saltarnos, pues el poeta merece estar no en esta si no en todas las antologías de poesía tacneña por su poesía, su trabajo erudito, y su gestión cultural al promover sendos espacios de flujo literario. De las omisiones, que estoy seguro no se deben a improperios y prejuicios, están algunos nombres que quizá no llegaron al autor, al escasear la comunicación entre los mismos poetas o al faltar redes que informan las rizomáticos senderos de la edición. Algunos de ellos, y no es solo por meter nombres, sino por ser representantes de etapas y grupúsculos que aportar al grueso expresivo de la poesía tacneña, son Antonio García Calizaya o Sabino Maquera, para señalar algunos de trayectoria iconoclasta, y otros como los más jóvenes, entre ellos, Enrique Cuautli o Cher Santiago de reciente aparición. Sin embargo, hay que recordar que el propio Cancino es consciente de estas omisiones, como lo advierte en su introducción: “no tuve acceso a ellos o a que la miopía que padezco, me ha jugado una mala pasada.”

De otro lado, Segundo Cancino siempre me ha parecido, sino brillante, al menos erudito y parco en su escritura. Algo que a veces pongo entre comillas cuando se trata de excesos o negligencias menores pero que de todas maneras indican desajustes en sus criterios. Tal vez se deba a los apuros que cualquier profesor carga por la falta de tiempo, cosa que le haría abalanzarse contra sí mismo. Yo veo, si se me permite hacerle más observaciones, la desequilibrada muestra que le hace a algunos autores, como el caso de Juan Gonzalo Rose,  quien, más allá de antologarlo polémicamente junto a Giovanna Pollarolo, por el conflicto nacimiento/desarrollo, es el excesivo y acrítico espacio que se le da poniendo poemas que reflejan un mismo momento. Está claro que la antología quiere coger los poemas representativos de cada momento y libro de los autores, y a la vez hacer lo mismo hablando de movimientos literarios y generaciones. Pero a ratos, la muestra no obedece a este criterio, y si lo hace, exagera al centrarse en los autores más comerciales, harto conocidos y repetitivos, cuando el criterio de dar a conocer a  los poetas menores, desconocidos y nuevos es dejado en segundo plano. Esto hace que haya cierto desequilibrio, aunque no entra en la categoría del pecado, pues en la gran mayoría de autores, hay muestra equilibrada y justa. Otro de los criterios poco trabajados, es la mera descripción, fría y sesuda de los movimientos literarios, resumiendo su estudio a precisa acumulación de datos históricos y fechas, dejando de lado la valoración literaria. Todo esto no hace más que indicar que la obra esté abierta a ser perfectible.

Para terminar, esta antología o muestra me ha gustado y entra en la categoría de lo correcto por las razones arriba mencionadas, y pese a las observaciones minúsculas, sobre todo al escasear antologías monumentales y sobrar antologías con defectuosos criterios. Me atrevo a soltar unas conclusiones para finalizar mi balance sobre este texto. 1) La poesía tacneña se hace legible desde Carlos Gonzales Marín por el manejo del lenguaje que se adapta a las necesidades temáticas y sintácticas del lector de hoy; 2) La poesía del cautiverio y la anterior al vanguardismo, cada vez se hace menos legible y ampulosa para las necesidades del lector que busca algo más que métrica y retórica; 3) la evolución de los contenidos racionales y emocionales se observan en perspectiva histórica desde los temas tratados por Barreto, románticos e idealistas; hasta los poetas de la actualidad, menos románticos y más nihilistas; 4)hay poetas para todos los gustos si es que es cierta la magia de acompañarse por voces que uno elige y así sentir el poder de la poesía en todas sus manifestaciones; 5) hay autores que el paso del tiempo no les favorece,  y se vuelven abstrusos y anticuados, y ninguna luz les ilumina salvo la lámpara que el arqueólogo le prende a sus momias; 6) la poesía tacneña tiene voces masculinas y femeninas de calidad; ya sean jóvenes o mayores, Tacna expele vitalidad y todo la acuarela de emociones y razones; 7) la poesía tacneña, como toda poesía como entelequia, no ha muerto, sigue recreándose hasta evolucionar en sutiles  y bellas felicidades de existencia. 8) la poesía en Tacna es vestigio de libertad,  de desarrollo emocional, intelectual, y espiritual.

Tacna, 2017

miércoles, 1 de noviembre de 2017

SOBRE ID SIMULTÁNEA O ACEPTÉMOSLO, SOY LO QUE TÚ QUIERAS



LADO A

Sábado 28 de octubre, 08:00 pm. Rostros compungidos observan movimientos estrambóticos y estrafalarios de cuerpos que se pavonean de aquí para allá en una docena de metros cuadrados. La mayoría de los espectadores permanecen rígidos, como si se aferraran a lo único que poseen, un cuerpo al que forzosamente pretender mantener en calma. Se puede leer en sus ojos la pequeña tortura que les significa tratar de comprender el lenguaje no verbal de una puesta en escena como ‘Id simultánea’, que básicamente juega con su imaginación más oscura y las proyecciones ansiógenas de su subconciente; y cuya trama obedece el estatuto de lo meramente sugestivo e inquietante. Se trata de un público afásico en ciertas materias, que al entrar en contacto con mistificaciones escénicas, llenan su rostro con microexpresiones que comunican frases como: “Oh rayos, y esto ¿qué es?” “¿dónde está el argumento?” “¿qué me quieren decir con esto?”, “Debe ser algo importante e inteligente si no lo entiendo”. La escena por su puesto, es tierna, por lo escrupulosa que resulta la relación nula y ausente entre público y obra que termina por sintetizarse injustamente en vano espectáculo ruidoso, multicolor y anestésico que embriaga de rutina a un nivel superficial. A un nivel más profundo, es difícil precisar los efectos de lo aquí apuntado.

LADO B

‘ID Simultánea’, del colectivo Laramamango, es una obra (vamos a llamarla asi) teatral, que apuesta por un lenguaje no verbal agregando recursos audio-visuales para lograr propuestas heterodoxas en materia estética y artística. El argumento es sencillo: la condición asimbólica con que nace el hombre se ve comprometida conforme nace el poder que instaura ley, orden y nuevos símbolos que definirán la identidad y comportamiento de las masas, para luego liberarse de una dictadura de los símbolos y buscar la identidad personal a través del autodescubrimiento y la expresión personal. Sin embargo, aquí nuevamente el poder privará el derecho a la identidad estableciendo lo normal y anormal, recluyendo esta vez al hombre a una búsqueda interior compulsiva que termina en un narcicismo patológico dañino para los tejidos sociales. El mensaje parece ser una propuesta altruista que apela a una especie de terapia social que permite el reencuentro socio-afectivo y asimbólico, es decir, no ideológico entre las personas, esto es: una vuelta al contacto humano sin mediaciones religiosas o políticas.

BONUS TRACK

Hay que apuntar que la propuesta de Laramamango en ‘Id simultánea’ es ambiciosa, arriesgada y prometedora. Logra comunicar a un nivel no-verbal un argumento y mensaje a mi parecer claro y preciso, cuya composición y ensamble narrativo es acertada también. No será un secreto que ‘ID simultánea’ se enmarca en el espectro de una suerte de teatro filosófico al plantear la pregunta ontológica ¿qué es el hombre?, y a la que responde utilizando esquemas narrativos no ortodoxos y atípicos para el público de Tacna.

A un nivel técnico, solo me queda señalar que el repertorio del lenguaje corporal de varios miembros todavía está, a mi parecer, en proceso de maduración. La poca gamma de expresiones faciales y corporales de algunos miembros del elenco no transmitieron la intensidad que otros de sus miembros sí lograron. De corregirse esto, se eliminarán las distonías que surgieron en algunas escenas.

viernes, 1 de septiembre de 2017

SOBRE BOLOGNESI EN ARICA O, RAYOS, OTRA MISA BLANQUIRROJA



Hay mil maneras de desarrollar un tema cliché que raya entre el chauvinismo y la xenofobia de guerra. Definitivamente solo una de ellas es la manera correcta de hacerlo. Una sobria, parca y lúcida representación sin caer en el facilismo patriotero. Tal ha sido el estreno en Tacna de la obra teatral Bolognesi en Arica, del director Alfonso Alegría cuya representación dejó en claro cómo hacer un teatro simplista y minimalista que muestra los intestinos y demás órganos nobles.

La obra responde algunas preguntas, por ejemplo: ¿cómo hacer una obra histórica con tufillo pedagógico sin un gran vestuario, escenario y un mayor despliegue de actores? Sencillo: eliges un buen elenco experimentado de actores, y manejas muy bien los tiempos de ensayo que entraman solidez.

De modo que ahí tenemos, una obra madura y abusiva cuyos 4 años de estreno no son en vano. Los momentos de descordinación en los diálogos y fallos en la interpretación son mínimos, que casi, digo casi, parecieran formar parte del guión. La maestría en el manejo de los errores casi imperceptibles, son reducidos al margen decimal. Del mismo modo el drama desarrollado deja en segundo plano el montaje y la puesta de escena, así como el vestuario, la iluminación y los sonidos, todos ellos reducidos a su mínima expresión dejando como único protagonista la dialéctica entre el hombre y su destino.

La obra tuvo un inicio tímido por parte de los actores a quienes les costó un poco de tiempo meterse en la piel de los personajes. El guión ayuda bastante. Diálogos y líneas perfectamente ensamblados que dotan a la obra una progresiva tensión dramática, una parábola que describe ese tempo dramática con una precisión similar a las leyes de Newton. El punto débil de la obra ha sido un uso indiscriminado de efectismos como la escena de los títeres que evoca un humor fácil, o las intervenciones intrusivas y repentinas de los actores en medio el público, y hasta la dependencia de mostrar en todo momento los símbolos patrios para lograr la empatía del público.

No hay que olvidar que la obra se pronuncia con un tema que cala hondo en el imaginario social, la Arica sitiada por la traición peruana y la amenaza chilena, liderada por ese guia cuasi espiritual en guerra consigo mismo y el resto del mundo, Francisco Bolognesi. Tópico que inocula una predecible aceptación debido a que toca fibras que han sido condicionadas desde temprana edad: el amor incondicional e irracional a la patria. Todo ello coronado por un giro ideológico que dota a la obra aires de denuncia y revancha que también penetran y repenetran produciendo fáciles estados de ánimo.

No cabe duda que Bolognesi en Arica, para ponerle etiquetas, se enmarca en el teatro pedagógico, un teatro que más que apasionar al público, busca ilustrar por medio de las emociones, maniobrando en torno a temas claves, como si de heridas emocionales se tratase, que se vuelven a abrir para revivir traumas colectivos de un imaginario peruano asociado a la pérdida de la Guerra del Pacífico.

Debo destacar que lo que más me ha gustado de la obra es el drama filosófico que indirectamente propone Bolognesi en Arica, que se desarrolla más allá del cliché histórico y del chauvinismo emocional; un tema que le pertenece al viejo rollo de la libertad, un concepto de libertad entre la libertad sartreana (estamos condenados a ser libres) y la libertad frommiana (nos asusta y es difícil ser libres).

Me ha quedado claro que esta obra pertenece a la estirpe del brechtismo teatral, ese teatro comprometido por los absolutos patriotistas y revolucionarios, no digamos comunistas, sí emancipatorios cuando de perversiones políticas se trata.

Desde esta perspectiva, hay que aceptar que la obra se enmarca en un instrumentalismo del arte para no solo propagar sentimiento estético sino ideológico, sobre todo animando un espíritu revisionista y revanchista que aúna hechos del pasado para arrojar luces a la coyuntura actual.